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La palabra de Dios es para vivirla, no para filosofar sobre ella
No podemos hacer nada más por miles de almas sedientas, buscadoras e indefensas que decidirnos una y otra vez a entregarnos con mansedumbre y humildad a Nuestro Señor Jesucristo, para que podamos tener Su Espíritu. Sin embargo, lo que vemos en la historia de la filosofía es algo totalmente opuesto. Los fundadores de varias corrientes filosóficas, obsesionados con un pensamiento falso, crecieron sutilmente en orgullo y este crecimiento suyo abrió el poder del espíritu, pero no del Espíritu de Cristo. A diferencia de ellos, debemos permitir que el Espíritu de Dios actúe con poder. ¡Nuestra lucha oculta e invisible es una lucha por la salvación de miles de almas inmortales! Es la fe que vence al mundo. ¡Tenemos que permanecer fieles a Jesús y a Su palabra, el Evangelio! ¡Hay que vivir Su palabra, no filosofar sobre ella! ¡Tenemos que poner en práctica la palabra de Dios! ¡Ojalá vivamos todos los días de nuestra vida con Cristo, para que Jesús esté realmente en medio de nosotros y sea verdad que si dos de nosotros nos ponemos de acuerdo sobre cualquier cosa que pidamos, Él nos la dará! Jesús quiere que tengamos esta unidad, y para tenerla cada uno de nosotros tiene que ir a la cruz, morir a sí mismo, entrar en la muerte de Cristo.
Da gracias en la impotencia y mantente firme en una fe viva
Debemos aprender a aceptar la impotencia, dar gracias inmediatamente por todo y usar la palabra de Dios como espada del Espíritu contra las amarguras y las quejas, es decir, apoyarnos en ella. La palabra de Dios, el Espíritu detrás de ella, nos dará la fuerza. Solo necesitamos detenernos, darnos cuenta de la situación en la que nos encontramos y permanecer en una fe viva: «¡Señor, Tú lo ves! ¡Confío en Ti!». Y luego trata de mantenerte firme en esa fe y vuelve a ella cada vez que todo tipo de presiones invisibles y astutas o pensamientos aparentemente inocentes o buenos busquen desviarte de nuestra unión con Cristo.
Palabra de la vida – Ef 5, 17 (desde 9-11-2025 hasta 23-11-2025)
“Por tanto, no seáis insensatos,
sino comprended cuál es la voluntad del Señor.”
Reflexión del Patriarca Elías: Da gracias a Dios por todo, incluso por los golpes que dan forma
Miguel Ángel estaba a punto de hacer la escultura de Moisés. Un día le trajeron una gran piedra o más bien un peñasco enorme. Él y su aprendiz fueron a verlo. Miguel Ángel lo rodeó con deleite. Luego pensó un rato mirando la piedra y dijo: «Veo a Moisés ahí». El aprendiz respondió asombrado: «¿Moisés? No es Moisés; es solo una piedra». Miguel Ángel contestó: «Pero yo lo veo ahí». «¿Qué hay que hacer para que realmente esté ahí?». Miguel Ángel dijo: «Hay que quitar todo lo que no es Moisés». «¿Y cómo sucederá?». «Cincel, martillo y golpes. Son los golpes los que dan forma».
Lo mismo ocurre con nosotros. Todo lo que no es Jesús en nosotros se debe quitar. ¿Y cómo sucederá? Son los golpes los que dan forma. Dios a menudo tiene que visitarnos con pruebas o sufrimientos, a veces incluso a través de otras personas que nos regañan o nos hacen daño, o a través de una pérdida o la muerte de nuestros seres queridos…
Palabra de la vida – Jn 15, 7 (desde 26-10-2025 hasta 9-11-2025)
“Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros,
pedid lo que queráis, y os será hecho.”
El que se avergüence de Jesús y de sus palabras…
Jesús dice: «El que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles».
(Mc 8, 38)
El orgullo humano está en el corazón de cada uno de nosotros. Si alguien se mofa de nosotros, reaccionamos inmediatamente. Pero debemos aprender a decir: «Aunque todos se reían de mí, solo una cosa es importante para mí: ¿Cómo Dios me mira?». Esta es la única cosa necesaria. Tengo que detenerme en una situación particular y entrar en la presencia de Dios: «Señor, ¡que me difamen y escupan en mí! Hicieron lo mismo a Ti, te insultaban…». Nadie ha dicho jamás tales palabras sobre nosotros como la jerarquía religiosa dijo acerca de Jesús. Dijeron que Él estaba fuera de sí, poseído por un demonio y similares, y querían matarlo. Sigamos a Jesús, incluso si todos nos escuparan en la cara.
Todo debe ser construido sobre el fundamento sólido: Jesucristo
+ Elías
Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino
El amor puro es el signo de la voluntad
Por eso oramos 7 veces al día: “Shema, Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Jesús, mi Dios, te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi fuerza. Ahora pierdo mi vida por causa de Ti y el Evangelio.”
Cuando rezaremos así esta semana, démonos cuenta al menos una vez de lo que estamos diciendo. Ten en cuenta que Jesús te escucha. Y cuando Le digas: “Te amo”, que sea realmente con todo tu corazón. “Pierdo mi vida (alma)” ―esto es un acto concreto de amor―. El amor no reside en las emociones. El amor puro es el signo de la voluntad: quiero amar aunque no me siento que Le doy a Jesús el primer lugar en mi vida. Pierdo mi vida (alma): esto es muy importante; este es un momento en que renuncio a todas vanidades por Tu causa, Jesús, no por mía, no por el dinero o la fama, sino por causa de Ti y el Evangelio. Te doy todo lo que tengo.
Estamos obligados a conocer los principios básicos de la vida de fe
+ Elías
Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino
Jesús está en ti
Dios nos dio la libertad y esta libertad está en Jesús. Si nosotros lo recibimos y permitimos que Él sea el Señor de nuestra alma todos los días, saboreamos la verdadera libertad. Dios es todopoderoso y así es todo aquel que reza porque tiene a Jesús en su corazón. Si unes tu voluntad a la voluntad de Dios, el enemigo no tiene poder sobre ti y toda la montaña de demonios debe retirarse. Y si dices a la montaña con la fe: quítate y arrójate al mar, te obedecerá. Dios nos ha dado el poder. El que está en nosotros es más fuerte que el que está en el mundo. Jesús está en ti, pero tú debes ser consciente de ello. Únete a Él a través de la cruz —tu cruz—.
Palabra de la vida – 2 Pe 1, 4 (desde 12-10-2025 hasta 26-10-2025)
“Nos hizo merced de preciosas y ricas promesas para hacernos
así partícipes de la divina naturaleza, huyendo de la corrupción
que por la concupiscencia existe en el mundo.”
Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos…
Si no perdono, tampoco seré perdonado. ¡Pero cuidado! Cuando pienso en mis ofensas hacia los demás, en que no rezo por ellos, en que soy indiferente a su salvación, en que no les doy buen ejemplo, en que digo palabras vanas o airadas, etc., debería pedirles perdón en mi espíritu, o, a veces, incluso con palabras. Me siento culpable hacia la otra persona, y cuando me doy cuenta de que ella también me ha hecho daño, es como un triunfo para mí: tengo una oportunidad. ¡¡¡Algo a cambio de algo!!! Si soy capaz de perdonar, me atribuyo el mérito y, en cierto sentido, triunfo sobre mi prójimo. Entonces puedo decir con sinceridad: «Padre nuestro, perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…». Perdónanos a los dos, a mí y a quien me ha hecho daño. Y ahora perdono, y es como si perdonara también a quienes le han hecho daño a él, y entonces el Señor escucha esa sincera oración del Padrenuestro.
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