Muerte en Adán, vida en Cristo
«Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos» (1 Co 15, 20-21). Está escrito: «El primer hombre, Adán, fue hecho alma viviente». Pero, al quebrantar el mandamiento, pecó y se convirtió en un alma muerta. Perdió la vida divina. Todos sus descendientes nacen como almas muertas, privadas de la vida divina. «El postrer Adán ―Jesús― fue hecho Espíritu vivificante». Esta es la única solución para un alma muerta: recibir al Espíritu vivificante. ¿Cómo? Mediante el arrepentimiento. Significa oponerse al sistema de mentiras y orgullo que domina la razón y aceptar las realidades y verdades fundamentales relativas a la vida terrenal y eterna: la realidad de la muerte, la realidad del pecado personal, la realidad del juicio de Dios y, en consecuencia, la del justo castigo eterno. Otra realidad es reconocer a Dios como Creador de todo el universo y de todos los seres vivos de la tierra. Recibir el amor de Dios, que es en Cristo. Él pagó el precio de nuestros pecados. Él nos limpia del pecado y nos da la nueva vida. Recibir a Cristo y recibir su Espíritu es la condición para nuestra salvación, porque squien no tiene el Espíritu de Cristo, no es de Él....
El único remedio para todo es Jesús
El único remedio para todo es Jesús. Por nuestra parte, tenemos que aprender a negarnos a nosotros mismos, nuestro egocentrismo, carácter criticón, la envidia o la autocompasión una y otra vez. Si lo alimentamos, habrá un precio que pagar por ello: el enemigo reclamará su derecho a hacernos daño. Por lo tanto, es mejor y más sabio —por nuestro propio bien— que nos humillemos, y seremos sanos de mente y cuerpo. Pero, por supuesto, nuestra alma sólo puede ser curada por Jesús. Él es nuestro Sanador y por sus heridas fuimos nosotros curados. Entreguémosle todos nuestros pecados, enfermedades y problemas. Si no lo hacemos, si solo estamos preocupados por nosotros mismos y no nos preocupamos por Él, no podemos ser sanados, o nuestro problema se desarrolla en otro y al enemigo se le da una nueva oportunidad de reclamar su derecho. Si nos aferramos a nuestra crítica, nuestra actitud, nos dará dolor de cabeza y escrúpulos brotarán como hongos. Ciertamente, tenemos un montón de problemas, pero ellos deben ser una cruz para nosotros que llevamos con amor y no un instrumento de autotortura. Fijemos nuestra mirada completamente en Cristo.
Cristo murió por los pecadores, de los cuales yo soy el primero
Nuestra alma se manifiesta sobre todo a través de la razón y la voluntad. El hecho de que apenas percibimos verdades divinas es causado por la oscuridad que hay en nosotros. El Apóstol Pablo dijo: Cristo murió por los pecadores de los cuales yo soy el primero. Ningún falso misticismo. Él no se consideraba a sí mismo un “supersanto”. La santidad consiste en la humildad, en darse cuenta de la verdad que cada día vivo según mi voluntad, cada día mi alma produce automáticamente pecado, acuso a otros en mis pensamientos, soy un hedonista. Y lo peor es el orgullo humano —el pecado del diablo— cuando uno se niega a admitir la verdad sobre sí mismo.
¡Señor, dame verdadero celo!
Ya hemos transcurrido la mitad de la Cuaresma. Hagamos al menos un pequeño acto de abnegación cada día: reprimamos un pensamiento negativo o la pereza o miedo: ¡Señor, por amor a Ti! Vuelvo mis ojos a Tu cruz. ¿Cuánto sufrimiento has soportado por mí: flagelación, coronación de espinas, el camino de la cruz, la crucifixión! Derramaste toda Tu sangre por mí, pagaste el precio por mí, ¡me amas! ¿Y qué yo estoy haciendo por Ti y por la salvación de mi alma? Señor, dame verdadero celo y ayúdame a negarme a mí mismo en situaciones particulares, a tomar mi cruz y seguirte.
La muerte de Jesús: la victoria sobre el pecado y el diablo
Por el bautismo fuimos sumergidos en la muerte de Jesús. Su muerte es una victoria sobre el pecado y el diablo. Debemos actualizar este misterio del bautismo por la fe para que en nuestra vida cotidiana podamos saborear más y más esta victoria sobre el sistema de la maldad y la mentira que domina el mundo. Nuestra peregrinación de la vida es corta, dura 70-80 años. Este tiempo pasará rápidamente. La vida llegará a su fin, así que vivamos por fe todos los días. Cada día es una lucha contra nuestra pereza o dudas o estamos atraídos por las riquezas para preferir los valores materiales a los espirituales. Naturalmente, necesitamos cosas materiales también, pero tenemos que dar el primer lugar a Dios y la salvación de nuestra alma; porque está escrito: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia …
Cuaresma: tiempo de pruebas
A veces, el período de Cuaresma es un tiempo similar al tiempo que Jesús pasó en el desierto. Él oró y ayunó y fue tentado por el diablo. Afrontando varias pruebas también estamos expuestos a los ataques del enemigo de Dios. El enemigo actúa a través de las mentiras. Él trata de instigar el odio hacia nuestros familiares y amigos más cercanos y, en última instancia, incluso hacia Jesús y el Padre Celestial. Él nos ataca con todo tipo de pensamientos blasfemos y trata de echar la culpa del mal que causó él mismo a Dios. Dios dotó al hombre con libre albedrío y lo respeta. El mal o es causado por el enemigo de Dios o puede ser causado por nosotros mismos cuando somos engañados por nuestros sentimientos, razón, pasiones o el orgullo. Dios hace que este mal coopere para bien si nos humillamos ante Él y andamos en la verdad, la humildad, la disciplina y el amor, si sobrellevamos los unos las cargas de los otros y mostramos misericordia a aquellos que nos hacen daño o consciente o inconscientemente. Dios es AMOR. Él dio a su Hijo por nosotros (Jn 3, 16), y en Él tenemos la vida eterna. “Porque el Señor disciplina al que ama” (Heb 12, 6) y le visita con la cruz.
Verdadero heroísmo
El pecado original está en cada uno de nosotros. Es la estupidez innata que nos engaña toda nuestra vida. Tenemos que luchar contra ella. Por eso Jesús dice: «¡Niégate a ti mismo!». Renuncia a esa mentira dentro de ti que quiere hacerte daño, tomarte el pelo y arrastrarte a la autodestrucción y, finalmente, al infierno. Ese es nuestro orgullo. Si alguien señala nuestro error o nos dice que estamos orgullosos, nos sentimos mortalmente ofendidos. ¡Qué tontos somos! Debemos estar agradecidos a todos los que nos dicen: tú eres tal y tal. Incluso si alguien nos escupiera en la cara, deberíamos estar agradecidos: «Seguro, tal vez yo no entiendo todavía lo que me dices, pero yo soy consciente de mis pecados…». Si estamos humildes, el diablo huye. Caminemos en la verdad y nada temeremos.
El PCB: Un llamamiento a los católicos estadounidenses, a los sacerdotes y, sobre todo, a los obispos
19 de enero de 2026
La condición básica de nuestra salvación es el arrepentimiento. Jesús advierte: «Si no os arrepentís, todos pereceréis». Y al comienzo del Evangelio, exhorta: «¡Arrepentíos y creed en el Evangelio!».
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¡Sé como Abraham!
Hay personas que tienen carisma para predicar. Sin embargo, si un predicador mismo carece del sólido fundamento espiritual de la unión con Cristo, su predicación puede animar a la gente al principio pero finalmente resulta ser mera superficialidad sin el Espíritu. No es capaz de cambiar los corazones de la gente. Pero si pones las verdades divinas en práctica y las encarnas en tu vida, tu palabra tiene poder. Entonces, cuando das testimonio, el Espíritu desciende sobre las personas sin que seas consciente de ello.
¡Sé el justo que vive por la fe! ¡Sé como Abraham, sé hombre que da el primer lugar a Dios! A causa de Abraham Dios dio su bendición a toda la generación.
Llamamiento al pueblo estadounidense: ¡El arrepentimiento es necesario! ¡Puede evitar una catástrofe mundial!
12 de diciembre de 2025
Queridos católicos, queridos cristianos de los Estados Unidos de América:
No en nuestro nombre, sino en la autoridad de Dios, ¡queremos llamaros al verdadero arrepentimiento! En esencia, esto significa un cambio de mentalidad unido al alejamiento del espíritu del mundo y la aceptación del Espíritu de Cristo. Él es quien luego nos infunde una mentalidad evangélica, es decir, la fe en el Evangelio.
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La unidad en una comunidad
¿Qué es necesario para que nosotros los cristianos vivamos una vida verdadera? ¿Cómo podemos lograr la unidad entre nosotros? Este es lo más necesario y, al mismo tiempo, lo más difícil. A menudo no es posible hablar acerca de los problemas de los demás en la comunidad o apuntar a la raíz: “Mira, tienes tal defecto, tienes que hacer algo al respecto. Te aferras a esta cosa y la actitud, y te prives de un 90 por ciento de la bendición y todas las gracias que Dios te ha dado.” Si dice esto a alguien, el viejo hombre (es decir, nuestra naturaleza corrupta) reacciona ofendiéndose y huyendo tanto de la comunidad como de Cristo. ¿Qué es eso? El problema es, también, que estamos generalmente bajo la presión, expuestos a una lucha espiritual, y así no es posible decir a un hermano sobre sus fallos, porque no tendría la fuerza para seguir luchando.
El que se avergüence de Jesús y de sus palabras…
Jesús dice: «El que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre también se avergonzará de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles».
(Mc 8, 38)
El orgullo humano está en el corazón de cada uno de nosotros. Si alguien se mofa de nosotros, reaccionamos inmediatamente. Pero debemos aprender a decir: «Aunque todos se reían de mí, solo una cosa es importante para mí: ¿Cómo Dios me mira?». Esta es la única cosa necesaria. Tengo que detenerme en una situación particular y entrar en la presencia de Dios: «Señor, ¡que me difamen y escupan en mí! Hicieron lo mismo a Ti, te insultaban…». Nadie ha dicho jamás tales palabras sobre nosotros como la jerarquía religiosa dijo acerca de Jesús. Dijeron que Él estaba fuera de sí, poseído por un demonio y similares, y querían matarlo. Sigamos a Jesús, incluso si todos nos escuparan en la cara.
El amor puro es el signo de la voluntad
Por eso oramos 7 veces al día: “Shema, Israel, amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Jesús, mi Dios, te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con toda mi fuerza. Ahora pierdo mi vida por causa de Ti y el Evangelio.”
Cuando rezaremos así esta semana, démonos cuenta al menos una vez de lo que estamos diciendo. Ten en cuenta que Jesús te escucha. Y cuando Le digas: “Te amo”, que sea realmente con todo tu corazón. “Pierdo mi vida (alma)” ―esto es un acto concreto de amor―. El amor no reside en las emociones. El amor puro es el signo de la voluntad: quiero amar aunque no me siento que Le doy a Jesús el primer lugar en mi vida. Pierdo mi vida (alma): esto es muy importante; este es un momento en que renuncio a todas vanidades por Tu causa, Jesús, no por mía, no por el dinero o la fama, sino por causa de Ti y el Evangelio. Te doy todo lo que tengo.
Jesús está en ti
Dios nos dio la libertad y esta libertad está en Jesús. Si nosotros lo recibimos y permitimos que Él sea el Señor de nuestra alma todos los días, saboreamos la verdadera libertad. Dios es todopoderoso y así es todo aquel que reza porque tiene a Jesús en su corazón. Si unes tu voluntad a la voluntad de Dios, el enemigo no tiene poder sobre ti y toda la montaña de demonios debe retirarse. Y si dices a la montaña con la fe: quítate y arrójate al mar, te obedecerá. Dios nos ha dado el poder. El que está en nosotros es más fuerte que el que está en el mundo. Jesús está en ti, pero tú debes ser consciente de ello. Únete a Él a través de la cruz —tu cruz—.
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