El PCB: Un llamamiento a la revolución en la Iglesia católica: desde la cabeza (2.ª parte)

9 de octubre de 2026

La cuestión más candente en la Iglesia católica hoy en día es si el papa Francisco fue o no un hereje manifiesto. Los Padres de la Iglesia son claros al respecto: un papa que sea hereje manifiesto se ha excomulgado a sí mismo de la Iglesia y, puesto que ya no es miembro de ella, tampoco puede ser su cabeza. Así lo enseñan san Cipriano, san Agustín, san Jerónimo y san Atanasio, así como los Doctores de la Iglesia san Roberto Belarmino, san Francisco de Sales, san Alfonso María de Ligorio y san Antonio de Florencia, y los papas Inocencio III (1198) y Pablo IV (1559). Sin embargo, el problema radica en que un papa que es hereje manifiesto no renunciará voluntariamente a su posición de poder.

Este vídeo se puede ver también aquí: https://youtu.be/-eg3yWE6mK8
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Recientemente, un periodista planteó al arzobispo Carlo Maria Viganò la siguiente pregunta: «¿Cómo puede la Iglesia recuperar la integridad de la fe, la certeza de la doctrina y, sobre todo, una autoridad verdaderamente fiel al mandato petrino?».

El arzobispo respondió: «Hay cosas que son ciertas, porque así lo enseña la historia de la Iglesia. La primera es que la crisis terminará cuando la autoridad vuelva a hacer aquello para lo que Cristo la instituyó: un papa (fiel a la doctrina católica), mediante un acto solemne, condenará los errores del Concilio y del período posconciliar […] y repudiará la sinodalidad como algo ajeno a la constitución divina de la Iglesia. Humanamente hablando, hoy no se vislumbra cómo podría suceder esto, ya que toda la jerarquía está corrupta y, entre quienes podrían llevar a cabo ese acto, no hay ni uno solo que muestre el menor deseo de hacerlo».

Planteémonos, pues, la pregunta: ¿qué debemos hacer? ¿Cómo, salvo mediante una intervención extraordinaria de Dios, podría restaurarse la Iglesia bajo un papa verdaderamente católico? Hay cuatro opciones de respuesta.

Primera opción: Negarse a obedecer al usurpador del papado. En la situación actual, no es posible someterse a la obediencia, porque hacerlo nos convertiría en cómplices.

Esta necesidad de desobediencia para salvaguardar la fe se desprende también de la bula doctrinal de Pablo IV. Según esta bula, los fieles, incluidos los sacerdotes y los obispos, no pueden —o, mejor dicho, no deben— obedecer a un hereje, aunque ese hereje sea el papa. Si un hereje que ocupa el cargo papal comienza a imponer castigos por una presunta desobediencia e invoca el derecho canónico —del que abusa para imponer el camino de la apostasía—, dicho derecho carece de eficacia. Un papa que es un hereje manifiesto destruye la esencia misma de la Iglesia y, sin embargo, paradójicamente, castiga con excomuniones a quienes la defienden. Quien obedece a un papa manifiestamente hereje se une a él en la rebelión contra Dios y se excluye a sí mismo del camino de la salvación. Solo hay dos posibilidades: rechazar al hereje o rechazar la ley de Dios. La fidelidad y la obediencia a Dios deben ir acompañadas de la desobediencia a un hereje que ocupa un cargo eclesiástico. Esta desobediencia necesaria desembocará, tarde o temprano, en una separación definitiva del papa hereje. Este es el caso de León Prevost, quien promueve el camino del antievangelio sodomítico.

El problema surge cuando un sacerdote o un obispo opone resistencia. El papa hereje destituirá al obispo. Si un sacerdote opone resistencia, el obispo —que está subordinado al archihereje León— excomulgará al sacerdote por su fidelidad a Cristo y al Evangelio. Sin embargo, si los obispos y sacerdotes no esperan a que el hereje abuse de su poder contra ellos, sino que, por el contrario, se levantan en resistencia, permanecerán fieles a Cristo y salvarán las almas que les han sido confiadas.

¿Qué puede hacer un obispo al que León Prevost destituya de su cargo o incluso excomulgue? Puede responder negándose a obedecer al hereje, tal y como establece la bula doctrinal de Pablo IV, y separarse de él junto con toda su diócesis. Cuantos más obispos actúen así, mayor será la esperanza de renovación de la Iglesia. Quienes se hayan separado del hereje podrán estar entre los primeros en aceptar a un papa legítimo y verdaderamente católico.

Ya no podemos seguir esperando impotentes. Es necesario organizar la resistencia. La Sagrada Escritura dice: «Aún no habéis resistido hasta la sangre combatiendo contra el pecado (la herejía)» (Hb 12, 4). Esta resistencia salvará tanto la estructura eclesial como la sana doctrina. La Fraternidad San Pío X también comparte esta teoría de la desobediencia, como lo demostró con la consagración de cuatro obispos sin autorización del papa, aun a costa de la llamada excomunión pronunciada tanto contra los obispos como contra los fieles. ¿Dará la Fraternidad San Pío X el siguiente paso y elegirá a un papa fiel a la doctrina de la Iglesia? Alguien tiene que dar el primer paso decisivo. Sin ese paso, no se puede avanzar. Aunque un grupo de obispos clandestinos dé ese paso, se encontrará en una situación difícil, ya que no cuenta con una base de fieles que lo respalde.

Segunda opción: La conferencia episcopal de un determinado país condenará claramente las herejías del actual papa, que ocupa el cargo papal. Los obispos harán pública la realidad de que es un hereje manifiesto y que, por tanto, ya no es miembro de la Iglesia católica, y mucho menos su cabeza. Como sucesores de los apóstoles, los obispos no solo tienen la autoridad para hacerlo, sino que también es su deber. ¿Quién más tiene autoridad para declarar al apóstol Judas usurpador del trono de san Pedro?

Pero el usurpador León se ríe de esto porque sabe que muchos obispos son corruptos, susceptibles al chantaje y cobardes. No harán nada para salvar a la Iglesia. Si un obispo, a título individual, se niega a obedecer, será castigado con una excomunión inválida que, sin embargo, surte efecto debido a la falsa obediencia. Si un obispo fiel a la doctrina católica contara con el respaldo de sacerdotes y fieles de recta fe, podría separarse de la anti-Iglesia de Bergoglio junto con toda su diócesis. De este modo, sentaría un precedente para toda la Iglesia. Y si la conferencia episcopal estuviera de acuerdo con él, sus miembros podrían elegir a un papa legítimo en circunstancias extraordinarias, puesto que el papa actual no es legítimo, sino que simplemente usurpa el cargo.

Históricamente, en circunstancias extraordinarias, un grupo de cinco cardenales eligió al papa Nicolás II (1159) fuera de Roma, y posteriormente un sínodo declaró inválida la elección del papa entonces reinante, Benedicto X. Hoy, sin embargo, el problema es que la mayoría de los cardenales fueron elegidos por Bergoglio.

A diferencia de sus homólogos de Europa y América, los obispos de África rechazaron unánimemente la declaración papal Fiducia supplicans. Sin embargo, ya no son capaces de dar el siguiente paso radical: que al menos una conferencia episcopal africana se separe del Vaticano apóstata y proclame a un papa legítimo. Esto sentaría un precedente para toda África y para el mundo entero. No obstante, dada la mentalidad africana, no cabe esperar que se dé este paso. Bergoglio nombró cardenal a Ambongo Besungu, un tirano e embaucador, convirtiéndolo así en su mano derecha y supervisor de África. Este selecciona para el episcopado a sacerdotes que ya están dispuestos a someterse a la herejía y, bajo una falsa obediencia, a traicionar a Cristo y su Evangelio.

Si, no obstante, todavía existiera una nación católica cuya conferencia episcopal se hubiera separado del Vaticano apóstata, sería su deber elegir a un nuevo papa. El nuevo papa excomulgaría póstumamente al papa Francisco. Del mismo modo, los concilios generales VI y VIII, junto con los papas León II y Adriano II, declararon la excomunión póstuma del papa Honorio a causa de la herejía del monotelismo.

Para que la Iglesia se purifique y se abra la posibilidad de una verdadera reforma, el nuevo papa tendría que reconocer el Concilio Vaticano II como lo que realmente fue y purificar a la Iglesia de los daños espirituales que causó. De lo contrario, no se producirá una renovación general de la Iglesia.

Tercera opción: La tercera opción es una Iglesia clandestina. Si ni los cardenales, ni los obispos diocesanos ni la Fraternidad San Pío X dan el paso radical de separarse del papa hereje, la institución católica seguirá existiendo, pero con una doctrina ya envenenada que conducirá a multitudes de personas engañadas a la perdición eterna. Un puñado de fieles huirá de este «Titanic» que se hunde y se refugiará en los botes salvavidas de la Iglesia clandestina. Allí hay obispos que, aunque apenas cuentan con fieles, poseen una consagración episcopal válida en la línea de sucesión del arzobispo Thuc. Al parecer, ya están preparados para proclamar ellos mismos a un papa fiel a la doctrina católica si los cardenales o los obispos diocesanos no hacen nada. Que esto sea motivo de burla para el Vaticano apóstata no cambia el hecho de que, con el paso de tiempo, quienes buscan sinceramente la verdad se irán uniendo a esta Iglesia clandestina. Allí habrá, pues, una salida. Ahora, de hecho, no la hay.

Cuarta opción: El teólogo preconciliar Garrigou-Lagrange propuso una teoría sobre cómo proceder en el caso de un papa hereje. Habla de un concilio imperfecto compuesto por varios obispos, o posiblemente cardenales, que declararían inválido al papa hereje y elegirían a un papa legítimo.

En el caso del actual papa hereje León, todas las leyes eclesiásticas deben quedar subordinadas a una prioridad: erradicar la herejía autodestructiva y apartar de su cargo al usurpador, el papa hereje que promueve las herejías a través del llamado «camino sinodal».

La Iglesia católica se encuentra hoy ante un dilema: o bien los cardenales —o, especialmente, los obispos diocesanos— salvarán a las multitudes de fieles católicos del suicidio espiritual, o bien un pequeño grupo de obispos clandestinos proclamará a un nuevo papa, lo que acarreará graves problemas y una profunda fragmentación.

Una vez más, ante Dios, hago un llamamiento a todos los católicos sinceros, tanto hombres como mujeres: ¡tomad conciencia de que la salvación y la renovación de la Iglesia dependen de vosotros! A través de vuestras oraciones, queridos hermanos y hermanas en Cristo, Dios concederá fuerza y luz a quienes puedan dar este paso decisivo. Por tanto, animad a vuestro sacerdote mediante una carta en la que le aseguréis que permaneceréis fieles a la herencia de la fe de vuestros padres, abuelos y bisabuelos. ¡Animadlo a retirar su obediencia al archihereje que ocupa el trono papal, así como al obispo que no está dispuesto a separarse del archihereje!

+ Elías

Patriarca del Patriarcado católico bizantino

+ Metodio OSBMr             + Timoteo OSBMr

obispos secretarios

 

 

Descargar: El PCB: Un llamamiento a la revolución en la Iglesia católica: desde la cabeza (2.ª parte) (9-10-2026)

 

 

 

 


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