El PCB: Salvemos a los niños (carta a los obispos de todo el mundo)
23 de agosto de 2026
Tú eres sucesor de los apóstoles en estos tiempos difíciles.
La llegada de la radio y la televisión hace varias décadas produjo un cambio sustancial en la vida familiar. Antes, las familias rezaban juntas por la noche; hoy, en cambio, ven la televisión o cada uno está pendiente de su teléfono inteligente. Algunos jóvenes le dedican más de nueve horas al día. La gente se ha vuelto adicta no solo al alcohol y a las drogas, sino también a los teléfonos inteligentes. A escala mundial se ha declarado una guerra contra los niños. Incluso antes del nacimiento del niño, los médicos ejercen una fuerte presión psicológica sobre las madres para inducirlas a matar a su hijo no nacido. Si una mujer no cede a esa presión y el niño nace, inmediatamente después del nacimiento le espera una serie de vacunas peligrosas. Estas a menudo provocan autismo o enfermedades crónicas, por lo que hoy en día los niños llegan a tener fiebres de hasta 40 °C incluso en verano.
El niño que empieza a asistir al jardín de infancia tiene que participar en programas que lo condicionan y manipulan de manera criminal para que acepte la idea de que un niño no es un niño y una niña no es una niña. Los programas de la ONU llegan incluso a introducir una corrupción moral sistemática de niños de tan solo cuatro años. Uno de los muchos programas dirigidos a niños pequeños lleva por título «El placer sexual (de los niños)». ¡Son crímenes contra niños inocentes!
Una condición indispensable para una educación adecuada, que constituye la base de un futuro matrimonio feliz y de una maternidad y paternidad responsables, es guiar a los niños hacia la autodisciplina moral. Sin embargo, en lugar de ello, en las escuelas se ha implantado, conforme a los programas de la ONU, la llamada «educación sexual», que enseña a los niños perversiones sexuales y los conduce a la negación de su propia identidad, a la desestabilización psíquica y a dependencias esclavizantes. ¡Son graves crímenes contra los niños! Es más, hoy en día en las escuelas se llegan incluso a administrar preparados hormonales destinados a frenar el desarrollo saludable del niño, con el fin de que los niños manipulados se sometan a una terapia hormonal seguida de una operación de cambio de sexo. ¡Se trata de crímenes contra la humanidad! Esta criminalidad atroz contra los niños se oculta bajo el término «derechos del niño». Los padres se limitan a contemplar impotentes lo que sucede. Y si defienden a sus hijos, en países como Alemania, los países nórdicos, Inglaterra o Francia corren el riesgo de que las autoridades de «protección» de menores se los arrebaten definitivamente. Todo esto se hace bajo el pretexto de proteger a los niños de la violencia doméstica. Este engaño, diabólicamente urdido, que antes a nadie se le habría pasado siquiera por la cabeza, constituye un gravísimo crimen contra los niños y los padres. Los criminales que idearon e impusieron este sistema deberían ser llevados ante la justicia y condenados a prisión, y sus programas deberían prohibirse de inmediato. El médico que lleva a cabo semejantes mutilaciones traiciona su misión de proteger la salud y la vida y viola el juramento hipocrático. Quien se somete a una operación de este tipo queda mutilado de por vida. No puede formar una familia, y una intervención tan radical en la psique provoca profundas depresiones. Después cae en diversas adicciones autodestructivas, como el alcoholismo, la drogadicción u otras, y muchos acaban suicidándose. Una persona así deja de distinguir entre el bien y el mal, se convierte en un egoísta despótico y sin conciencia y queda reducida, hasta el final de su vida, a una especie de despojo humano.
Nos preguntamos: ¿Quién promueve estos crímenes y por qué? Detrás de todo ello está el espíritu de la mentira y de la muerte: el diablo. Es él quien inspira a personas que han desechado su conciencia y su humanidad y han abrazado lo demoníaco. Estas personas, que detentan el poder, imponen leyes perversas contrarias al orden moral e introducen en la sociedad un mal cruel y autodestructivo.
¿Qué futuro le espera a una sociedad envenenada de este modo? El infierno en la tierra y el infierno después de la muerte. En una sociedad así desaparece el cristianismo, que antiguamente protegía a las familias y a los niños, promovía la cultura, fundaba escuelas y hospitales, desarrollaba obras de caridad y, apoyándose en la verdad objetiva, se oponía al mal que siempre ha existido. Todo este mal brota de una raíz espiritual envenenada presente en cada ser humano como herencia del pecado de nuestros primeros padres. Hombres y mujeres santos desvelaban el misterio del mal y ofrecían remedios espirituales contra él. A causa de este foco de mal, que entró en la humanidad con el primer pecado de desobediencia e incredulidad y que conduce sistemáticamente a la autodestrucción esta vida y por toda la eternidad, Dios mismo dio a Su Hijo. «Porque de tal manera amó Dios al mundo…» (Jn 3, 16). Jesucristo tomó sobre sí esta raíz del mal junto con sus consecuencias y, con su muerte, venció la muerte causada por el pecado. Esa victoria está en Él. «Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu» (Rm 8, 1).
En cuanto a los crímenes contra los niños, entre ellos figura también el proyecto «Infancia 2030». Este proyecto supone ya una deshumanización total de los niños. Recordemos asimismo las vacunas que alteran el genoma humano y que se imponían fanáticamente durante la reciente campaña de vacunación obligatoria. Estos crímenes, que conducen a la destrucción de la naturaleza humana, llevan al exterminio del género humano como tal. Este programa genocida lo impulsa una filosofía —o, más bien, una ideología— llamada transhumanismo.
Querido apóstol, pastor de almas, tu tarea principal es custodiar las leyes de Dios y el tesoro de la fe salvadora mediante la recta doctrina y una vida conforme a los mandamientos de Dios, para bien de las almas que te han sido confiadas. Estas han de ser salvadas de la Babilonia depravada, pero también han de convertirse en luz, sal y levadura de salvación para este mundo, que se precipita de manera suicida hacia la perdición temporal y eterna.
Te comprendo, apóstol de Cristo, cuando contemplas impotente cómo el mal destruye las almas inmortales que te han sido confiadas y de las que un día tendrás que rendir cuentas ante Dios. Con dolor te preguntas: «¿Y qué debo o qué puedo hacer yo? Estoy completamente impotente». Empieza a orar, y Dios te dará luz y fuerza para que seas un buen pastor según el ejemplo de Cristo, que da la vida por las almas que le han sido confiadas. Sí, necesitas luz y fuerza. Te preguntas: «¿Qué debo hacer concretamente en esta situación que parece no tener solución?». Tienes autoridad, la autoridad de Dios. Mediante una carta pastoral, anima a las mujeres y a las madres a que se alcen con valentía y unidas, en esta guerra que hoy se libra contra los niños, para salvar a sus hijos. Que, ante todo, estas mujeres y madres se unan en la oración a las horas en que oraban los apóstoles y el mismo Señor Jesús. Se trata de breves momentos de oración a lo largo del día: a las 9, 12, 15, 18 y 21 horas, además de al levantarse y antes de acostarse. Son, pues, cinco pausas de oración distribuidas a lo largo del día, de unos cinco minutos cada una. Para estas pausas de oración a dichas horas ya existe un modelo probado que pueden comenzar a practicar. Consiste primero en una breve toma de conciencia del pecado y después en hacer un acto de contrición perfecta invocando el nombre de Jesús y situándose en espíritu al pie de la cruz de Cristo. A continuación, se repite tres veces la palabra de vida, que es básicamente, un versículo de la Sagrada Escritura señalado para un período de catorce días. Esta forma de oración no es mera teoría, sino una práctica probada durante los últimos veinte años por una numerosa comunidad de oración.
Además de la oración, que las mujeres organicen durante todo el año, cada primer domingo de mes, manifestaciones para salvar a los niños, a ser posible en cada pueblo y ciudad, bajo el lema: «Madres, salvemos a nuestros hijos». Que exijan la supresión de los programas criminales que devastan a los niños en las escuelas, así como la derogación de las leyes que permiten arrebatar los hijos a sus padres (Barnevernet, la justicia juvenil, el Convenio de Estambul con su GREVIO pirata, etc.). Asimismo, que exijan una ley que prohíba el uso de teléfonos inteligentes a los menores de 15 años.
Quizá, querido pastor del rebaño de Cristo, sientas un gran dolor al ver que ahora ya ni siquiera eres capaz de hacer nada por la salvación de las almas inmortales que se encaminan por el camino ancho que lleva a la perdición eterna. Te comprendo, pero da ahora este paso: escribe una carta pastoral y, por medio de los sacerdotes, anima a las mujeres y a las madres a rezar y a participar en manifestaciones por la salvación de los niños. Los sacerdotes, siguiendo tu ejemplo, animarán después a estas mujeres a que recen y, al mismo tiempo, participen valientemente en las manifestaciones cada primer domingo de mes durante un año, es decir, en doce manifestaciones. Da este paso de fe. Cuando comparezcas ante el juicio de Dios —y quizá sea muy pronto— y los demonios te acusen y citen las Escrituras diciendo que fuiste un siervo «inútil y perezoso» y que no hiciste nada por la salvación de las almas inmortales, entonces tu ángel, como tu protector y defensor, mostrará esta carta pastoral tuya, que habrá salvado no a uno, sino a muchos de estos pequeños de ser inducidos al pecado (cf. Mt 18,5-6). El ángel añadirá: «Jesús dijo: Todo lo que hicisteis a uno de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis». Y el mismo Hijo de Dios te dirá: «Siervo bueno y fiel, entra en el gozo de tu Señor».
Aprovecha esta oportunidad que Dios te ofrece hoy. Escribe una carta pastoral y no tendrás que lamentarlo por toda la eternidad.
El PCB
Véase en el siguiente enlace un vídeo similar: https://youtu.be/ZAhttyQCvfs, https://bcp-video.org/es/salvad-hijos/. Al final se ofrecen indicaciones para la oración en siete momentos de recogimiento a lo largo del día.
Descargar:El PCB: Salvemos a los niños (carta a los obispos de todo el mundo) (23-8-2026)
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