El PCB: ¿Fue el papa Francisco un hereje público o no? 8.ª parte
Reacción de obispos africanos a «Fiducia supplicans»
El obispo Martin, de Malaui:
«Queridos fieles: quisiera ahora responder brevemente, o hacer una breve reflexión, sobre la declaración de la Santa Sede titulada Fiducia supplicans. […] Nuestra postura como obispos de Malaui —pero también mi postura personal, puesto que me dirijo a ustedes, los fieles de Karonga— es que nosotros, en esta diócesis, y ciertamente también en nuestras diócesis de Malaui, no vamos a permitir las bendiciones recomendadas de uniones entre personas del mismo sexo.
Me entristece profundamente que, por primera vez en la historia de la Iglesia, un documento emanado de la Santa Sede y firmado por el santo padre sea rechazado por sus hermanos obispos, y rechazado públicamente. Es triste, porque la Iglesia católica es antigua, tan antigua como el propio cristianismo, y esto nunca había sucedido antes. Pero no tenemos otra opción. No podemos permitir que una declaración tan ofensiva y aparentemente blasfema se aplique en nuestras diócesis. […]
El documento Fiducia supplicans nos pide que bendigamos a dos personas del mismo sexo como individuos, pero no como pareja. Así pues, esas dos personas del mismo sexo que la noche anterior durmieron juntas como pareja y se presentan ante nosotros como pareja son bendecidas como individuos, pero salen de nuestra presencia como pareja. […] ¿¡Cómo puede decirse que esto no supone un cambio en la doctrina auténtica de la Iglesia!?
Los que saben que hemos rechazado este documento nos han acusado de muchas cosas. Ante todo, afirman que nuestro apego a las normas de la Iglesia, a la Sagrada Escritura y a la tradición de la Iglesia nos impide ejercer eficazmente nuestra responsabilidad como pastores. Algunos nos han dicho que deberíamos estar dispuestos a explorar nuevos caminos y nuevas formas de dirigir las Iglesias locales, como, por ejemplo, la bendición de uniones entre personas del mismo sexo. Algunos han dicho que no deberíamos ser ideológicamente rígidos en nuestra fe, en nuestra labor pastoral ni en la enseñanza de la fe. En cambio, se nos está presionando para que permitamos que nuestra doctrina de la fe cambie al compás de los cambios ideológicos, sociales y políticos que tienen lugar en el mundo, a fin de que la fe sea y que también la Iglesia sea moderna. En otras palabras, se nos dice que, al cumplir nuestra responsabilidad como sucesores de los apóstoles, conduciendo a las personas hacia Dios, debemos estar a la moda.
Ante todas estas acusaciones, nuestra respuesta es clara: por favor, quédense con sus mentiras. Juzguen ustedes mismos si es justo delante de Dios hacer caso a semejantes consejos, malos consejos, y obedecerles a ustedes antes que a Dios, porque nosotros, por nuestra parte, no podemos dejar de decir a los fieles que Dios, a través del santo padre, ha confiado a nuestro cuidado pastoral que sigan y pongan en práctica aquello que está arraigado en la Sagrada Escritura y en la tradición de la Iglesia. A todos los que nos dan semejantes malos consejos, nuestra respuesta es esta: no somos idiotas. Conocemos cuál es su objetivo final, que no voy a mencionar aquí; pero nosotros no aceptamos esta declaración.
Nos dirigimos a nuestros fieles que se sienten ofendidos y escandalizados: hermanos y hermanas cristianos, y todos ustedes en toda la diócesis, por favor, no abandonen la Iglesia, como algunos han amenazado con hacer por haberse sentido profundamente indignados y escandalizados por esta declaración […]».
Declaración de los obispos de Camerún:
«Ante los abusos semánticos destinados a desvirtuar el valor de las realidades y el verdadero significado de los conceptos de familia, pareja, cónyuge, sexualidad y matrimonio;
Ante la ola de indignación, cuestionamientos y preocupación que ha suscitado en el pueblo de Dios la declaración “Fiducia supplicans” sobre la cuestión de la bendición de parejas del mismo sexo;
En aras de la dignidad humana y de la salvación de toda la humanidad en Jesucristo;
Nosotros, los obispos de Camerún, declaramos por unanimidad lo siguiente sobre la homosexualidad y la bendición de las “parejas homosexuales”:
1. De conformidad con nuestra Declaración sobre la Homosexualidad de 2013, reafirmamos firmemente la verdad de la Iglesia, madre y educadora, que enseña el carácter sagrado de la identidad sexual del hombre y de la mujer, creados a imagen de Dios (Gn 1, 27), de la dignidad de su sexualidad y del matrimonio que es el fundamento de la familia. La persona humana es creada varón y mujer: “Varón y mujer los creó” (Gn 1, 27). Esta diferencia invariable, que constituye el fundamento de su relación y de su complementariedad, alcanza su plenitud en el vínculo matrimonial.
2. La homosexualidad falsifica y corrompe la antropología humana y trivializa la sexualidad, el matrimonio y la familia, fundamentos de la sociedad. […] Es una violación flagrante del patrimonio que nos legaron nuestros antepasados. En la historia de los pueblos, la práctica de la homosexualidad nunca ha conducido a una evolución social, sino que es un signo claro de la decadencia implosionante de las civilizaciones. De hecho, la homosexualidad pone a la humanidad contra sí misma y la destruye.
3. La identidad profunda de la sexualidad se malinterpreta, se desvirtúa y se pervierte fuera de la relación conyugal entre el varón y la mujer. En consecuencia, los actos homosexuales no son “sexuales”, sino “actos contra natura” (Rm 1, 26).
4. El matrimonio es una institución que legitima las relaciones sexuales y la procreación con vistas a fundar una nueva familia. Es la unión de un hombre y una mujer que se comprometen a compartir la vida en pareja, a fundar una familia y a convivir en el amor. Las uniones homosexuales no son matrimonios. Desvirtúan el sentido del matrimonio al reducirlo a un vínculo estéril, orientado a la búsqueda del placer y perverso: “infamia entre varón y varón” (Rm 1,26).
5. La homosexualidad no es un derecho humano. Es una alienación que daña gravemente a la humanidad porque no se basa en ningún valor inherente al ser humano: es una deshumanización del amor, “una abominación” (Lv, 18, 22). Rechazarla no es en absoluto discriminatorio; es una legítima defensa de los valores permanentes de la humanidad frente a un vicio que se ha convertido en objeto de una pretensión de reconocimiento legal y, hoy, en objeto de una bendición.
6. En sentido literal, “bendecir” es “hablar bien de” (bene-dico). Y “hablar bien” de una pareja homosexual a partir de un acto de bendición equivaldría a fomentar una elección y una práctica de vida que no pueden reconocerse como objetivamente ordenadas a los designios revelados de Dios. Es más, diferenciar entre contextos litúrgicos y no litúrgicos para conceder la bendición a “parejas” del mismo sexo es hipócrita. El acto de bendición, ya se realice en una asamblea litúrgica o en privado, sigue siendo una bendición. Por lo tanto, declaramos inconforme cualquier forma de bendición, pública o privada, que tienda a reconocer a las “parejas del mismo sexo” como un estado de vida.
7. Fieles a la enseñanza constante de la Tradición eclesial que declara los actos de homosexualidad intrínsecamente desordenados y contrarios a la ley natural (Catecismo de la Iglesia Católica n.º 2357), nosotros, los obispos de Camerún, reiteramos nuestra desaprobación de la homosexualidad y de las uniones homosexuales.
8. En consecuencia, prohibimos formalmente toda bendición a las “parejas homosexuales” en la Iglesia de Camerún.
9. Puesto que Dios no quiere la muerte del pecador, sino su conversión a la vida eterna, recomendamos a quienes tienen inclinaciones homosexuales […] una conversión radical. Asimismo, los invitamos a abandonar esa mentalidad victimista en la que se complacen en considerarse “víctimas”, “débiles” y “minorías”, y a aprovechar la oportunidad de conversión que Dios les ofrece en las numerosas exhortaciones de Su Palabra.
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