Siete paradas de oración durante el día

La Palabra de Dios dice. “Siete veces al día…” (Ps 119, 164). Tanto la tradición del Antiguo como del Nuevo Testamento presentan un ritmo de oración diario. Este ritmo fue conservado por San Pablo y por los apóstoles. De modo semejante, San Basilio enfatizó la necesidad de paradas de oración durante el día en la vida de todo cristiano. Infortunadamente, hoy en día los cristianos no tienen el ritmo del contacto con Dios.

Tras muchas oraciones y búsquedas piadosas en busca de una actualización de la tradición de la Iglesia en el momento presente proponemos el siguiente modo comprobado de oración: es una oración de siete veces al día: al levantarse, a las 9 a.m., a las 12, 3:00 p.m., a las 6 p.m., a las 9 p.m. y al acostarse.

Texto base que se repite en las siete pausas de oración:

+ En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

¡Effatá!

 Soy obstinado en hacer mi propia voluntad; no busco la voluntad de Dios, sino la mía.

Soy hedonista; busco el placer incluso a costa del pecado.

Soy propenso a juzgar; condeno a los demás, pero no veo mi propia culpa ni quiero reconocerla.

La metástasis oculta de las consecuencias del pecado original y la impenitencia arrastran mi alma a la condenación eterna.

¡Maranatha! ¡Ven, Jesús!

¡Jesús, Jesús, Jesús, ten piedad de mí, pecador! (5 veces)

¡Shemá Israel! ¡Ama a Dios!

Jesús, Dios mío, Te amo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas. Ahora pierdo mi propia vida por Ti y por el Evangelio.

 Palabra de la vida: (un versículo de la Sagrada Escritura durante 14 días; repetido 3×)

Amén.

 Después de la «palabra de vida», siguen varias oraciones para cada una de las pausas de oración.

Por la mañana, al levantarnos, y por la noche, antes de acostarnos, añadimos al texto base lo siguiente:

«Jesús, ¿dónde estás?». «¡Estoy contigo!». «¡Creo!».

«Jesús, Tú estás conmigo». (4 veces)

«Jesús, Tú dijiste: “Yo estoy en ti”». «¡Creo!».

«Jesús, Tú estás en mí». (4 veces)

Al final decimos «Amén, amén» y hacemos la señal de la cruz.

 

A las 9:00, añadimos al texto base lo siguiente:

«Envía al Espíritu Santo sobre nosotros». (7 veces)

«Recibo al mismo Espíritu que recibieron los apóstoles el día de Pentecostés. Ye-ho-shu-aa-aa-aa».

Al final decimos «Amén» y hacemos la señal de la cruz.

Palabra de la vida actual – Ro 8, 7a (desde 11-10-2026 hasta 25-10- 2026)

“Pues la intención de la carne es enemistad contra Dios”

Palabra de la vida – Rm 8:5-6 (desde 20–1–2013 hasta 3–2–2013)

“Porque los que viven conforme a la carne piensan en las cosas de la carne;

pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu.

Porque la intención de la carne es muerte,

pero la intención del Espíritu es vida y paz.”

ORACIÓN PARA NECESIDAD URGENTE

Ella implica siete días de oración. En caso de un problema muy serio, puede ser rezada repetidamente durante siete semanas. El Espíritu Santo descendió al quincuagésimo (50º) día. El quincuagésimo año era el año de favor del Señor. “Cualquier cosa que pidáis al Padre en Mi nombre os lo concederá” (Jn 16, 23)

Descargar: ORACIÓN PARA NECESIDAD URGENTE

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Reflexiones sobre Romanos 7:13-15

“Entonces, ¿lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? ¡De ninguna manera! Más bien, el pecado, para mostrarse como pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que el pecado, por medio del mandamiento, llegara a ser extremadamente pecaminoso. Sabemos que la Ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido al pecado. Lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que detesto, eso hago.”

En los versos 13-19 se habla de pecado que se sirvió de una cosa buena para hacerme morir. Debido a los Mandamientos de Dios se desenmascaró el poder extremadamente pecaminoso. El mismo Mandamiento de Dios no da poder para vencer al pecado. Desde nuestro nacimiento somos vendidos  a la esclavitud del pecado. ¿Quién nos vendió? Esto hicieron nuestros antepasados por su desobediencia a la palabra de Dios, porque creyeron al espíritu de la mentira y la muerte. Jesús nos ha liberado de esta esclavitud. En la cruz, Él ha vencido al pecado y al diablo. La victoria sobre el pecado es sólo y únicamente en Cristo. Si estamos en conexión activa con Cristo por la fe y dedicación, entonces no podemos pecar (1 Jn 3,6). Por desgracia, cuando salgamos de la presencia de Dios y interrumpamos la unidad con Jesús, estamos de nuevo en riesgo de varias formas de pecado: la arbitrariedad, la pereza, las pasiones diferentes, la arrogancia, la autocompasión, la envidia, la impureza, la vanidad, la codicia....

Palabra de la vida

 

Después de muchas oraciones y las búsquedas, de cómo precisamente actualizar la tradición eclesiástica hoy en día, ofrecemos este modo de la oración ya aprobado. La oramos, cuando nos despertemos del sueño, luego a las 9:00, 12:00, 15:00, 18:00 21:00 y por la noche antes de dormir (pues 7 veces). ¿Qué debemos orar, y por qué?

“+ En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.”

“¡Effatá!” (¡Ábrete!) “Yo soy arbitrario. Yo soy hedonista. Yo soy juez de los demás.”

“¡Marana tha!” (¡Ven, Señor!) “Jesús, Jesús, Jesús, ten piedad de mí pecador!” (5 veces)


“¡Shema” (Escucha), (tu nombre), ama a Dios!” “
Jesús, mi Dios, te amo con todo corazón, con toda alma y con todas las fuerzas. Ahora pierdo mi alma por Ti y el Evangelio.”


La Palabra de la vida: (un versículo de la Sagrada Escritura se cambia cada 14 días, (la cita se repite tres veces)

“Desde ahora hago todo + en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.” (3 veces)

Reflexión sobre los Romanos 7,5-6

“Porque mientras éramos en la carne, los afectos de los pecados que eran por la ley, obraban en nuestros miembros fructificando a muerte.  Pero ahora somos libres de la ley de la muerte en la cual estábamos detenidos, para que sirvamos en novedad de Espíritu, y no en vejez de letra.”

La Sagrada Escritura dice que hemos muerto respecto de la ley por el cuerpo de Cristo, es decir a través de Jesús crucificado, y que debemos andar en novedad de espíritu. Estamos unidos con Él en Su muerte, creamos el Cuerpo Místico de Cristo. A través de Su muerte hemos muerto al pecado, pero también hemos muerto a la ley, es decir, a las exigencias de la ley de Dios, las cuales no somos capaces de cumplir con nuestra propia fuerza.

Reflexiones sobre los Romanos 7,1-4

“¿O ignoráis, hermanos (hablo con los que saben la ley), que la ley solamente se enseñorea del hombre entre tanto que vive?  Porque la mujer que es sujeta a marido, mientras el marido vive está obligada a la ley; mas muerto el marido, ella es libre de la ley del marido.  Así que, viviendo el marido, se llamará adúltera si fuere de otro varón; mas si su marido muriere, es libre de la ley (del marido); de tal manera que no será adúltera si fuere de otro marido.  Así también vosotros, hermanos míos, sois muertos a la ley en el cuerpo del Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, para que fructifiquemos a Dios.”

Rm 7:1-3: El primer marido es la Ley. El segundo marido es Cristo. La mujer casada es cada uno de nosotros. La Ley pone de manifiesto nuestro pecado, nos condena a muerte. Establece los requisitos, pero no nos da la fuerza para cumplirles, y justamente pone de manifiesto que la paga del pecado es muerte (Rm 6:23). Por lo tanto el Señor Jesús para salvarnos de la muerte, murió por nosotros. Debido a esto somos librados del yugo de la Ley y Él, Resucitado, es este segundo marido, que no nos dispensa de las estipulaciones de la Ley,al contrario, Él requiere una adhesión aún más rígida a la ley en nuestros corazones. La diferencia, sin embargo, es en que Él – Resucitado, al que ahora pertenecemos, Él mismo cumple sus exigencias en nosotros. “Permaneced en mí, y Yo en vosotros … sin mí no podéis hacer nada.” (Jn 15:4-5)

Palabra de vida – Rom 6:4

“Por tanto, hemos sido sepultados con Él por medio del bautismo para muerte,

a fin de que como Cristo resucitó de entre los muertos por la gloria del Padre,

también nosotros andemos en novedad de vida.”

(1 – 15 abril 2012)

El verso habla no sólo de la muerte de Cristo, sino también de la resurrección. Una vez más, llama la atención sobre el Sacramento del Bautismo. Diciendo que somos sepultados con Cristo por medio del Bautismo para muerte, significa la renuncia a nuestra propia voluntad en el momento actual.

Palabra de la vida – Rom 6:3

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en el Cristo Jesús,

hemos sido bautizados en su muerte?”

A la pregunta: ¿No sabéis? podemos contestar que verdaderamente no sabemos. Es que no conocemos la esencia del pecado, de la muerte de Cristo ni del bautismo. La pregunta “¿O no sabéis?” nos llama a tener conciencia de cierto misterio que la Palabra de Dios nos revela en la relación entre la liberación del pecado, la muerte al pecado (cfr. versículo 2) y la muerte de Cristo y el Bautismo.


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