“El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros,
¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?”
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“¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?”
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“Sabemos, además, que a los que aman a Dios,
todas las cosas los ayudan a bien,
esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.”
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“Y el que escudriña los corazones sabe cuál es el intento del Espíritu,
porque él intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios.”
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“De igual manera, el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad,
pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos,
pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.”
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“También nosotros, que tenemos las primicias del Espíritu,
gemimos dentro de nosotros mismos, aguardando la adopción
como hijos, la redención de nuestro cuerpo.“
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“Pues la creación aguarda con ardiente anhelo
la manifestación de los hijos de Dios.”
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“Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo
presente no son comparables con la gloria venidera
que en nosotros ha de manifestarse.”
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“Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.”
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“El Espíritu mismo da testimonio juntamente con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”
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“Pues no recibisteis el espíritu de esclavitud
para estar otra vez bajo el temor,
sino que recibisteis el espíritu de adopción como hijos,
en el cual clamamos: ‘¡Abba, Padre!'”
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