“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí y yo en él,
este lleva mucho fruto, porque separados de mí nada podéis hacer.”
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“Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano
no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid,
así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.”
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“La paz os dejo, mi paz os doy. No como el mundo la da, yo os la doy.
No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.”
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Pero el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre,
él os enseñará todas las cosas y os recordará todo lo que yo os he dicho.
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El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre lo amará,
y vendremos a él y haremos morada con él.
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El que tiene mis mandamientos y los guarda, él es quien me ama.
Y el que me ama será amado por mi Padre,
y yo lo amaré y me manifestaré a él
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“En aquel día vosotros conoceréis que yo soy en mi Padre,
y vosotros en mí, y yo en vosotros.”
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Si me amáis, guardaréis mis mandamientos.
Y yo rogaré al Padre y os dará otro Consolador,
para que esté con vosotros para siempre.
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Todo lo que pidáis al Padre en mi nombre,
lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo.
Si algo pedís en mi nombre, yo lo haré.
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¿No crees que yo soy en el Padre y el Padre en mí?
Las palabras que yo os hablo, no las hablo de mí mismo;
sino que el Padre que mora en mí hace sus obras.
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Jesús le dijo: ―Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe,
¿y no me has conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre.
¿Cómo, pues, dices tú: “Muéstranos el Padre”?
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