“Cristo nos redimió de la maldición de la Ley,
haciéndose maldición por nosotros.”
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«Primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí:
Que Cristo murió por nuestros pecados, conforme a las Escrituras;
que fue sepultado y que resucitó al tercer día,
conforme a las Escrituras; y que apareció a Cefas,
y después a los doce.»
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Y que por la Ley nadie se justifica ante Dios es evidente,
porque “el justo por la fe vivirá”.
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Y la Escritura, previendo que Dios había de justificar por la fe a los gentiles,
dio de antemano la buena nueva a Abraham, diciendo:
“En ti serán benditas todas las naciones”.
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“Así Abraham creyó a Dios y le fue contado por justicia.
Sabed, por tanto, que los que son de fe, éstos son hijos de Abraham.”
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Sólo esto quiero saber de vosotros: ¿Recibisteis el Espíritu
por las obras de la ley o por haber oído con fe? ¿Tan insensatos sois?
Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿ahora vais a acabar por la carne?
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“No desecho la gracia de Dios,
pues si por la Ley viniera la justicia,
entonces en vano murió Cristo.”
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“Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la Ley,
sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo,
para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la Ley,
por cuanto por las obras de la Ley nadie será justificado.”
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“La promesa de que sería heredero del mundo, fue dada a Abraham
o a su descendencia no por la Ley sino por la justicia de la fe”
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«Pues ¿qué dice la Escritura?
Creyó Abraham a Dios y le fue contado por justicia.
Pero al que trabaja no se le cuenta el salario como un regalo,
sino como deuda. ¿Cómo, pues, le fue contada?
¿Estando en la circuncisión, o en la incircuncisión?
No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.»
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«Pues ¿qué dice la Escritura? Creyó Abraham a Dios
y le fue contado por justicia. Pero al que trabaja no se le cuenta
el salario como un regalo, sino como deuda.»
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