“Su boca está llena de maldición y de amargura.
Sus pies se apresuran para derramar sangre;
destrucción y miseria hay en sus caminos; y no conocieron camino de paz.
No hay temor de Dios delante de sus ojos.
Pero sabemos que todo lo que la Ley dice, lo dice a los que están bajo la Ley,
para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios.”
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“El que guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él.
Y en esto sabemos que él permanece en nosotros,
por el Espíritu que nos ha dado.”
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“Y cualquiera cosa que pidamos la recibiremos de él,
porque guardamos sus mandamientos
y hacemos las cosas que son agradables delante de él.”
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Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados;
solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne,
sino servíos por amor los unos a los otros,
porque toda la Ley en esta sola palabra se cumple:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
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¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre,
cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?
¿ No ves que la fe actuó juntamente con sus obras
y que la fe se perfeccionó por las obras?
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Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu
y el del Espíritu es contra la carne; y estos se oponen entre sí,
para que no hagáis lo que quisierais.
Pero si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la Ley.
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«Si, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;
pero siendo juzgados, somos castigados por el Señor
para que no seamos condenados con el mundo.»
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«Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la Ley es buena.
De manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado que está en mí.»
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Sabemos que la Ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido al pecado.
Lo que hago, no lo entiendo, pues no hago lo que quiero,
sino lo que detesto, eso hago.
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“Mientras vivíamos en la carne, las pasiones pecaminosas,
estimuladas por la Ley, obraban en nuestros miembros llevando fruto
para muerte. Pero ahora estamos libres de la Ley, por haber muerto para
aquella a la que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del Espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.”
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«Así también vosotros, hermanos míos,
habéis muerto a la Ley mediante el cuerpo de Cristo,
para que seáis de otro,del que resucitó de entre los muertos,
a fin de que llevemos fruto para Dios.»
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