Únete a Jesús crucificado
La vida es corta. Un antiguo proverbio dice: «Dios hace sufrir a quienes ama». Unamos nuestras cruces, nuestras aflicciones, por ejemplo, el sufrimiento físico o las enfermedades… con el sufrimiento de Cristo. Si estás sano, dale gracias a Dios por eso. Pero entonces debes percatarte aún más de la cruz espiritual: la injusticia causada por el sistema del mundo y el pecado, la miseria espiritual y la ceguera que reinan en el mundo, las blasfemias contra Dios, y el hecho de que Jesús es despreciado y no amado. Necesitamos verlo y clamar a Dios en oración. Y si nos unimos a Jesús crucificado a diario, el Señor nos introduce cada vez más profundamente en el misterio de la cruz de Cristo. Ver que Jesús no es amado nos llena de dolor espiritual más que físico. Y entonces, cuando tomamos conciencia de nuestras propias traiciones, de que «yo tampoco te amo, Señor mío», las lágrimas no nos bastan… Señor mío, por favor concédeme que Te ame, que pueda clamar a Ti!
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