El PCB: La respuesta a la propaganda LGBTQ del pseudopapa en los medios mundiales /2.ª parte/
27 de enero de 2023
¿Son injustas las leyes que criminalizan la homosexualidad?
Cita de The Associated Press: «El papa Francisco criticó las leyes que penalizan la homosexualidad como “injustas”…».
Comentario: Le preguntamos a Francisco: si las leyes criminalizan a los llamados homófobos no solo por sus declaraciones veraces, sino incluso por la mera sospecha de que piensan críticamente sobre las personas LGBTQ, ¿son justas estas leyes? ¿Es justo que estas leyes hayan abolido la presunción de inocencia? Una persona inocente debe defenderse en los tribunales contra la denuncia de una persona LGBTQ y demostrar que no la lastimó de ninguna manera con un solo pensamiento. Esto es una dictadura peor que la fascista.
A continuación, preguntamos: si las leyes permiten matar al niño en el noveno mes de embarazo o incluso después de su nacimiento, ¿son estas leyes justas o injustas? También preguntamos: ¿son peligrosas las leyes de eutanasia y se puede abusar de ellas para matar a los indeseables? El Convenio de Estambul privilegia a las personas LGBTQ y, además, establece el llamado mecanismo GREVIO para robar niños a sus padres. ¿Es justo este Convenio? Si las leyes privilegian a las personas LGBTQ en lo que se refiere p. ej. a la adopción de niños, ¿son justas estas leyes? Desafortunadamente, Bergoglio no responde a estas preguntas, porque él es solamente el portavoz de aquellos que pretenden no solo destruir la Iglesia de Cristo, sino primero abusar de ella para desmoralizar y reducir a la humanidad.
Si, por el contrario, alguien quiere criticar y derogar las leyes en la sociedad, debe justificar objetivamente la crítica. Bergoglio no acepta la crítica objetiva y la realidad. Su crítica a las leyes que protegen los valores morales de la sociedad es deshonesta e injusta.
Rusia, por ejemplo, ha promulgado recientemente una ley que prohíbe todas las formas de propaganda homosexual; las sanciones se aplican en forma de multas. El motivo de la aprobación de la ley fue proteger a la sociedad de la decadencia moral del individuo y de la familia como la célula básica de la sociedad. Sin respetar la legitimidad de esta ley, Bergoglio muestra una actitud parcial hacia ella al incluirla entre las leyes que criminalizan la homosexualidad, y las condena como injustas. Por otra parte, sin embargo, no condena como injustas las leyes que permiten a los niños de 12 años en adelante (y que se extenderán a los niños a partir de los 6 años) someterse a una cirugía drástica de cambio de sexo, que acarrea consecuencias irreversibles, incluso sin el consentimiento de sus padres. ¿Cómo es que Bergoglio, ansioso por interferir en la legislación civil, no aboga por la abolición de las leyes de reasignación de sexo tan crueles? Por el contrario, promueve insistentemente el transexualismo. Al hacerlo, se ha desenmascarado como un criminal, peor que aquellos que apoyaban los experimentos con personas en los campos de concentración fascistas.
Pero lo peor es que Bergoglio impone autoritariamente a la Iglesia la legalización de la inmoralidad LGBTQ, a pesar de que es una grave transgresión de los mandamientos de Dios. Los obispos y los sacerdotes morales que defienden las leyes de Dios, como el sacerdote estadounidense que lucha por la vida de los no nacidos, son castigados con suspensión. Preguntamos: ¿Es justa o injusta la criminalización de los inocentes por parte de Bergoglio?
Las leyes que criminalizan al colectivo LGBTQ son beneficiosas para la corrección y salvación tanto de los homosexuales como de aquellos con la orientación sexual «Q». Lo que subyace detrás de tales leyes es el amor de Dios, que desea la salvación eterna de las almas. ¿No es acaso justo que se criminalice, por ejemplo, a una persona de orientación «Q» que, viviendo libremente según su orientación sexual, ha degollado a más de cincuenta mujeres?
Con su declaración, el pseudopapa ha revelado que considera injustos el Decálogo de Dios y los mandamientos de Cristo, por lo que hay que despreciarlos y desecharlos. Además, dijo específicamente que la Iglesia católica puede y debe trabajar para ponerles fin. E inmediatamente añadió categóricamente: «¡Tienen que hacerlo, tienen que hacerlo!».
Le preguntamos a Bergoglio si es consciente del delito de abuso de la autoridad papal y de las consecuencias nefastas. No hace mucho, Bergoglio impulsaba la vacunación experimental de la que advirtieron urgentemente los especialistas en este campo. Hoy, ya nos enfrentamos con las estadísticas sobre el impacto terrible e irreversible, incluidas numerosas muertes.
Al promover la vacuna, Bergoglio repetía las mismas palabras como un mantra: «¡Tienen que hacerlo!». Aunque no es un experto médico, descaradamente y con cinismo boicoteó y se opuso a los verdaderos expertos. Ahora ha vuelto a utilizar frases demagógicas en lo que se refiere a la abolición de las leyes justas: «¡Tienen que hacerlo!». ¡Pero esto significa que un crimen, por ejemplo, degollar a cincuenta mujeres, ya no debe ser castigado! Una vez más, hace la vista gorda a las desastrosas consecuencias que provocará.
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