Martyres Christi /carta a los obispos y sacerdotes/

28 de octubre de 2020

«Cuando venga el Espíritu Santo sobre vosotros, seréis mis testigos (martyres)» (Hch 1, 8).

Estimados obispos y sacerdotes de la Iglesia católica:

Nos encontramos a la víspera de los tiempos apocalípticos. En octubre del 2019, un ídolo de la desolación (cf. Mt 24, 15) profanó la principal basílica de la Iglesia católica. El papa inválido ha apoyado públicamente las leyes de matrimonio igualitario mientras el Vaticano ha publicado documentos que promueven «la vacunación para todos» combinada con la implantación de chips. El proceso de apostasía ha ido creciendo en secreto durante medio siglo, llegando a su punto máximo en la persona de Jorge M. Bergoglio, alias Francisco. La oscuridad espiritual de la maldición se cierne como una nube tenebrosa sobre la Iglesia católica y afecta a toda la cristiandad y la humanidad de hoy. En todas sus apariciones, la Madre de Jesús repitió lo más necesario para nuestra salvación: «Arrepentíos, arrepentíos, arrepentíos!». Por desgracia, su voz no fue escuchada. El cristianismo apóstata ha traído el castigo sobre sí mismo y sobre la humanidad. Este castigo comenzó con una pandemia sin sentido y será seguido por la vacunación, la implantación de chips, la despoblación y, finalmente, ¡el lago de fuego! El Vaticano apoya totalmente el proceso de autodestrucción con sus actividades y documentos. Por el contrario, médicos valientes —expertos en virología, epidemiología, bacteriología…— se han levantado contra las mentiras, defendiendo la verdad. La jerarquía eclesiástica traidora abusa de la obediencia y del miedo, y obliga a los obispos y sacerdotes verdaderamente católicos a dar pasos hacia su propia autodestrucción. Las fuerzas de la oscuridad y mentira han paralizado las verdades de fe y los mandamientos de Dios.

Ya el Viernes Santo de 2009, el presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, el arzobispo Zolltisch, declaró públicamente la mayor herejía, diciendo que Cristo no había muerto por nuestros pecados, sino solo por solidaridad con los que sufren. El Vaticano no lo castigó.

Entre los años 2008 y 2011, nosotros, los obispos católicos ortodoxos del rito bizantino, en la autoridad de Dios, hicimos un llamamiento a los obispos del mundo para que profesaran su fe y renunciaran a las herejías contemporáneas. Se informó a los obispos solicitados que debían ser conscientes de que si alguien no profesaba la fe incluso después del tercer llamamiento y no renunciaba a las herejías, demostraba así con su pasividad que estaba en unidad con las herejías y hacía caer sobre sí mismo el anatema de Dios. Nosotros entonces solo hicimos pública dicha realidad espiritual. Si los obispos hubiesen profesado la fe, Dios les habría dado la luz y la fuerza para un avivamiento espiritual. Sin embargo, muchos obispos han permanecido bajo el anatema hasta el día de hoy y, por lo tanto, están en tinieblas espirituales.

Estimados obispos, ha llegado la hora de la verdad. Algunos de ustedes serán mártires, cruentos o incruentos, y otros serán los judas. Ustedes serán o salvos o condenados para la eternidad. El Vaticano es el primero en promover la vacunación «para todos» combinada con la implantación del microchip. Si ustedes obedecen al apóstata, traicionarán a Cristo y también a sus almas. Además, por culpa del mal ejemplo de ustedes, las almas encomendadas a su cuidado recaerán sobre su conciencia. Si permanecen en silencio ahora cuando están obligados a advertir, serán la causa de la condenación eterna de muchos. ¿Cómo se sostendrán en el juicio de Dios?

Ustedes están obligados a rechazar el sistema de muerte pre-programada. Esto requiere heroísmo. Pero ustedes, obispos y sacerdotes, no tienen la luz ni la fuerza para hacerlo. ¿Por qué? Porque están bajo una maldición.

¿Qué deben hacer al comienzo de esta era apocalíptica para convertirse en testigos, martyrés, héroes de la fe, dispuestos incluso a sacrificar sus vidas? Necesitan el Espíritu Santo. Y la condición para recibir el Espíritu Santo es el arrepentimiento. «Arrepentíos, y recibiréis el don del Espíritu Santo» (Hch 2, 38). Dios da una nueva oportunidad: mediante el arrepentimiento de los obispos, sacerdotes y creyentes Él «destruirá la cobertura que cubre todos los pueblos, el velo que envuelve a todas las naciones» (cf. Is 25, 7).

¿Cómo deberían empezar a arrepentirse hoy?

Confiesen la fe salvífica y renuncien a las herejías. Que lo haga cada obispo y sacerdote, ya sea públicamente —en su iglesia— o en privado, en presencia de dos testigos.

Confesión de fe y renuncia a las herejías.

1) Renuncio al espíritu del neomodernismo histórico-crítico.

2) Renuncio al espíritu de sincretismo, al espíritu de Nostra Aetate, es decir, al espíritu de respeto por los cultos paganos y sus demonios, y su implementación en el diálogo interreligioso (Asís…).

3) Renuncio al espíritu de la ideología de género que promueve el matrimonio entre personas del mismo sexo y la desviación LGBTQ.

4) Renuncio al espíritu que legaliza el robo de niños por parte del sistema de justicia de menores y que es la causa de su subsiguiente abuso mental, sexual y físico.

5) Renuncio a satanás y a los demonios, especialmente a los que actúan en la actualidad a través de diferentes formas encubiertas de magia, adivinación y espiritismo (homeopatía, acupuntura, hipnosis, adivinación con péndulo…), y al espíritu de la Nueva Era.

6) Renuncio al espíritu de la francmasonería y del Nuevo Orden Mundial que planea el autogenocidio físico, espiritual y moral de la humanidad, hoy especialmente en la forma de vacunas con chip integrado, promovidas incluso por el Vaticano.

7) Renuncio a todos los demonios religiosos, en particular al espíritu de fariseísmo, saduceísmo y liberalismo religioso, así como al demonio Pachamama que fue entronizado en el Vaticano.

Creo y confieso que el Señor Jesucristo murió en la cruz por mí y por mis pecados, y resucitó al tercer día histórica y realmente.

Recibo al Señor Jesús como mi Salvador y le entrego mi vida a Él.

Recibo el testamento de la cruz expresado en las palabras de Cristo al discípulo: «¡He ahí tu Madre!».

Recibo la plenitud del Espíritu Santo para ser un mártir de Cristo como los apóstoles.

Firma del obispo o sacerdote_____________

Fecha____________

Estimados obispos y sacerdotes, den su bendición a las guardias de oración (https://youtu.be/WWZaeIyw4qQ, http://vkpatriarhat.org/es/?p=10157) y apúntense ustedes mismos para una hora de oración.

La crisis de la familia y de la Iglesia será detenida por la oración familiar de los padres e hijos. El tiempo para esta oración, probada por años de experiencia, es de 8 a 9 p.m. A las 9 p.m., algunos obispos y sacerdotes dan una bendición. Esta llamada «hora santa» de 8 a 9 p.m. es la base común de todas las guardias de oración. Las 23 horas restantes del día están cubiertas por 23 miembros de un grupo de oración, donde cada uno tiene su propia hora de oración. Hay cuatro grupos de oración, que se alternan después de una semana para asegurar una oración ininterrumpida (cf. Lc 18, 1 s.). La guardia de oración dura una semana, y otros tres grupos de oración se turnan durante las tres semanas siguientes.

Estimados obispos y sacerdotes, en este momento Dios les brinda a ustedes y a las almas que se les han confiado tres medios de salvación:

1) renunciar a las herejías contemporáneas;

2) profesar la ortodoxia (el apego a la verdadera fe);

3) aceptar y difundir el compromiso de la oración.

Donde haya vigilias de oración, Dios salvará a sus fieles del lago de fuego.

 

+ Elías

Patriarca del Patriarcado Católico Bizantino

+ Metodio  OSBMr                + Timoteo OSBMr

Obispos secretarios

 

Descargar: Martyres Christi /carta a los obispos y sacerdotes/ (28.10.2020)

 

El Patriarcado católico bizantino (PCB) es una comunidad de monjes, sacerdotes y obispos que viven en monasterios. El PCB está encabezado por el patriarca Elías con dos obispos secretarios, + Timoteo y + Metodio. El PCB surgió de la necesidad de defender las verdades cristianas fundamentales contra las herejías y la apostasía. El PCB no reconoce al pseudopapa Bergoglio y no está subordinado a él.

 


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