Una estructura católica pero ya no fe católica

22 de junio de 2020

Tenemos el Vaticano y Roma «católicos», el papa, cardenales y obispos «católicos», escuelas, seminarios y diplomacia «católicos», diócesis y parroquias «católicas»…, pero ya no tenemos la enseñanza católica, la católica fe o el sentire cum Ecclesia.

¿Qué es la fe católica y qué no es? La fe católica se expresa en forma más concisa en el Catecismo por seis verdades fundamentales:

1) Hay un solo Dios.

2) Dios es un Juez justo que premia el bien y castiga el mal.

3) En Dios hay tres personas.

4) Dios el Hijo se hizo hombre y murió en la cruz para salvarnos.

5) El alma del hombre es inmortal.

6) La gracia de Dios es necesaria para la salvación.

En la actualidad, la máxima autoridad eclesiástica ha socavado todas las verdades básicas de la fe católica. La nueva fe de la Iglesia católica ya no es católica.

Volvamos a las seis verdades fundamentales:

Ad 1) Hay un solo Dios

Esta verdad fundamental ha sido mal utilizada para justificar la opinión herética de que dado que hay un Dios que creó el mundo, los paganos también tienen este Dios. Pero se omite el hecho de que aunque Dios creó a todos los hombres, los paganos no Lo adoran. Adoran a demonios y a Satanás, ¡así que hay una diferencia diametral!

Esta herejía sobre un dios fue presentada por el gesto de Juan Pablo II en Asís. Rezó al llamado dios común con los hechiceros paganos. Pero estos hechiceros rezan a los demonios y al diablo (véase 1 Co 10, 20).

El papado ahora está ocupado por el hereje y apóstata Bergoglio. Sin embargo, los católicos continúan reconociéndolo como el representante de Dios en la tierra, a pesar de que se ha opuesto a Dios con las herejías. Lo consideran el vicario de Cristo, aunque ha traicionado a Cristo como el apóstol Judas. En virtud de la «santa» obediencia, aceptan ciegamente sus herejías como una nueva fe. Pero tal fe lleva al infierno. Siguen profesando públicamente la unidad con este blasfemo y apóstata en cada Misa. Bergoglio también es responsable de la herejía de Abu Dabi que sostiene que todos los cultos paganos eran deseados por Dios. Entonces, ¿por qué murió Jesús en la cruz y dijo después de su resurrección: «Enseñad a todas las naciones… (Mt 28, 20). El que cree y es bautizado será salvo; pero el que no cree será condenado»? (Mc 16, 16).

Cuando el papa Juan Pablo II convocó a hechiceros paganos a Asís, no los llamó a renunciar a los demonios y no les predicó el único Dios verdadero, Jesucristo. Por el contrario, aunque sabía que los paganos rezaban a los demonios, se unió a ellos en un solo espíritu, abusando de las palabras del Padre Nuestro. Al hacerlo como la autoridad eclesiástica suprema ante Dios, hizo caer una maldición tanto sobre sí mismo como sobre la Iglesia y provocó la indignación pública en todo el mundo católico. Él sentó un precedente pernicioso. No oró por la conversión de los paganos presentes, sino que oró junto con ellos por la llamada paz, sabiendo que durante esas «oraciones» comunes estaban rezando a sus demonios. El dalái lama, que se considera una encarnación de un dios, también estuvo presente, recitando mantras —los nombres de los demonios—. Juan Pablo II confundió a los católicos haciéndoles creer que junto con los líderes y hechiceros paganos rezaba al único Dios cristiano. Esto es un engaño. Además, presentó el cristianismo y el paganismo como caminos igualmente válidos de salvación. Colocó la muerte redentora del Señor Jesucristo en la cruz en el mismo nivel que la adoración a los demonios. A través de este gesto de apostasía, implementó las herejías del Vaticano II y puso fin a la misión salvífica. Se opuso así al primer mandamiento: «No tendrás otros dioses y no te inclinarás ante ellos». Bergoglio lo declaró santo. Juan Pablo II y el Vaticano II le prepararon el terreno para su idolatría demoníaca con la Pachamama. Bergoglio llevó la herejía del sincretismo a la perfección en el Sínodo para la Amazonia. Los documentos acerca de la Amazonia delinearon su plan para destruir el sacrificio sangriento de Cristo mezclándolo con rituales paganos. Además, su plan para ordenar hechiceros paganos, tanto hombres como mujeres, degrada el sacramento del sacerdocio de Cristo. A través de la llamada conversión ecológica, él predica la apostasía de Cristo a los demonios. La enseñanza católica sobre el único Dios se derrumba así.

Ad 2) Dios es un Juez justo que premia el bien y castiga el mal

«La justicia de Dios no es más que su bondad. Dios solo castiga para enmendar al hombre y hacerlo feliz» (San Clemente de Alejandría). Con cada castigo, Dios quiere detener al hombre en el camino del pecado para llevarlo al arrepentimiento y ponerlo en el camino de la justicia. Bergoglio, sin embargo, se niega constantemente a arrepentirse, pero legaliza y santifica el camino del pecado. Él promueve el pecado (véase el Catecismo) de la confianza presuntuosa en la misericordia de Dios, colocando así a los creyentes en el camino amplio que lleva a la perdición eterna. Lo que Bergoglio llama «misericordia» y «amor» es, de hecho, la mayor crueldad porque retiene al hombre en el pecado mortal y, por lo tanto, en la muerte espiritual a través de sus mentiras. Le dijo a un gay en público: «Debes amarte a ti mismo. Dios te llama así». Dios, por el contrario, en su deseo de apartar al hombre del pecado de la sodomía, amenaza con el castigo del fuego eterno (Jud 1, 7), avergüenza al hombre y lo aflige con enfermedades (infecciones, SIDA…) . Hace todo esto solo para hacer que el hombre vuelva en sí, se arrepienta, sea liberado y salvado. Bergoglio, sin embargo, ocupando el cargo de jefe de la Iglesia, profiere mentiras descaradas. Se opone a Dios y a los mandamientos de Dios incluso en un documento eclesiástico vinculante Amoris Laetitia. Él ha traído una maldición sobre sí mismo según Ga 1, 8-9.

Con su gesto de besar los pies a un transexual, ha legalizado y privilegiado una desviación pecaminosa y se ha convirtido en el agente más poderoso para su difusión masiva. ¡Este es un crimen que clama al cielo!

Ad 3) En Dios hay tres personas

Después del Vaticano II, los teólogos heréticos han dicho que nuestro Dios Trino, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, es el mismo que Alá, el más alto de los 365 dioses de la Meca. Esta afirmación sobre el mismo dios no es católica, sino herética.

Ad 4) Dios el Hijo se hizo hombre y murió en la cruz para salvarnos

El método histórico-crítico, que ha dominado todas las escuelas y seminarios católicos después del Concilio Vaticano II, niega todo lo sobrenatural en la Biblia. Divide al Señor Jesucristo en el Cristo histórico (un mero hombre) y el Cristo de la fe (un mito). Arzbpo. Zöllitsch (2009) y, en unidad con él, la Conferencia de Episcopal de Alemania propugnan una herejía que destruye la esencia del cristianismo. Dicen que «Jesús no había muerto por nuestros pecados, sino que sólo había ofrecido solidaridad con los que sufren». Esta teología herética niega la resurrección histórica y real de Cristo con frases sobre la resurrección superhistórica o simbólica (véase Katholische Dogmatik: Für Studium und Praxis der Theologie [1995], escrito por Card. Gerhard L. Müller). Es chocante que el autor fuera prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2012-2017.

Ad 5) El alma del hombre es inmortal

La Iglesia actual, influenciada por el espíritu de la herejía, no se preocupa por la salvación del alma inmortal. No predica ni la doctrina salvadora ni el arrepentimiento. No le importa la salvación de las almas. De esta manera, niega de facto la inmortalidad del alma humana, la realidad del infierno y la necesidad de salvación.

Ad 6) La gracia de Dios es necesaria para la salvación

Si los líderes de la Iglesia apóstata presentan un antievangelio herético, ya no llaman al pecado, pecado y no predican al Salvador ni al verdadero arrepentimiento y conversión, la gracia de Dios necesaria para la salvación es solo una frase vacía para ellos. «Ni entran ellos, ni dejan entrar a los demás». (cf. Mt 23, 13)

Conclusión:

Hoy, la estructura de la Iglesia destruye la fe salvadora en lugar de protegerla. Ha hizo caer la maldición de Dios —anatema— y promueve insidiosamente no solo la reducción de la humanidad, sino también su final en el lago de fuego. Por lo tanto, el único camino de salvación es a través del arrepentimiento verdadero. Las palabras de Jesús son ciertas incluso hoy: «¡Si no os arrepentís, todos pereceréis!» (Lc 13, 3).

 

+ Metodio OSBMr             + Timoteo OSBMr

obispos secretarios del Patriarcado católico bizantino

 

Descargar: Una estructura católica pero ya no fe católica (22.6.2020)

 


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