La hora santa
Casi todas las familias cristianas necesitan una renovación espiritual que no es posible sin la oración familiar. Es el tiempo cuando podemos aprender en la práctica a entregar nuestros problemas de vida a Dios. Para empezar, es suficiente que al menos dos miembros de la familia comiencen a rezar juntos todas las noches, mejor desde las 8 p. m. hasta las 9 p. m.; esta es la llamada hora santa. A esta hora, todos los miembros de la familia apagan la televisión, la computadora, Internet y oran juntos a Dios. Los comienzos son los más difíciles. Sin embargo, si se superan los obstáculos y se desarrolla esta costumbre santa, se convertirá en la fuente de bendición y fortalecerá la relación de sus miembros tanto con Dios como entre sí. La familia comenzará a funcionar correctamente como un organismo sano. Estará moldeada por la Palabra de Dios, por la sabiduría de Dios y no por el programa del mundo que obliga a la gente a aceptar mentiras e inmoralidad.
Los creyentes ortodoxos en Rusia solían tener un rincón de oración en sus casas con un icono de la Madre de Dios con Niño Jesús en sus brazos. Este era el lugar donde la familia rezaba junta por la noche.
Al final de la hora santa a las 9 p. m., los obispos y sacerdotes católicos ortodoxos dan una bendición a todos los que oraron durante esa hora.
¿Cómo rezar?
Jesús dijo: “¿No habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad”. (Mt 26, 40-41) La esencia de oración es tomar conciencia de la presencia de Dios, que Jesús te ve, te oye y te ama. En primer lugar pon tus pecados a la luz de Dios e invoca el nombre de Jesús (en arameo Yehoshua). Puedes repetir: “¡Jesús, Jesús, Jesús, ten piedad de mí!” (en arameo: Yehoshua, ¡janeni!) Entonces se aplica a ti: “La sangre de Jesucristo te limpia de todo pecado.” (1 Jn 1, 7) Esta es la contrición perfecta. Esto es lo que necesitarás en el momento de tu muerte física y de esto depende la vida eterna en la gloria de Dios. Si te niegas a arrepentirte, serás condenado eternamente! (Lc 13, 3)
Una de las formas:
Puedes dividir la hora santa en tres partes:
a) Acción de gracias al Señor: podéis turnarse para dar gracias a Dios en voz alta por todas las cosas buenas que Él os dio durante el día o en el pasado. Se puede dar gracias por la salud, protección, solución a un problema… Cada vez que uno menciona algo, puede decir: “¡Gracias, Señor!” Y todos los demás repiten: “¡Gracias, Señor!”
b) Confesión de los pecados: pedimos el perdón de Dios especialmente por los pecados contra el amor fraternal, las manifestaciones de egoísmo, la falta de sensibilidad, las palabras groseras, la pereza en relación con Dios, la pereza en la oración, diversas formas de voluntad propia, el descuido de los deberes cuando preferías el placer y diversión, y luego te ponías nervioso porque no cumpliste con tus deberes en el estudio, el trabajo… Después de que todos hayan confesado sus pecados, pueden levantar las manos, mirar las cinco heridas de Cristo y repetir cinco veces: “¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador!”
c) Intercesión: cada uno puede decir alguna petición y todos responden: “Amén”, o “Escúchanos, Señor”.
Otra forma:
Una breve confesión de pecados seguida de una canción que expresa contrición, p. ej. “Solo por gracia podemos entrar…” Entonces se puede rezar una década del Rosario por una intención particular y cantar una canción de nuevo. Se puede alternarlo de esta manera.
Oración profética:
Durante la hora santa también se puede rezar la llamada oración profética según Ezequiel 37. Es una forma de oración un poco más difícil: oramos por la resurrección espiritual de nuestro pueblo, ciudad o nación. La esencia de esta oración es la concentración en el nombre de Dios: Jesús (en hebreo Yehoshua) y en la fe en el poder todopoderoso de Dios (véase http://vkpatriarhat.org/es/?p=7343).
También se puede orar dos o tres palabras desde la cruz. Durante el período pascual, desde la Pascua hasta Pentecostés, se puede reflexionar sobre las verdades relativas a la Resurrección de Cristo.
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