Reflexión sobre Sal 82, 5

«Ellos no saben ni entienden; andan en tinieblas.
¡Todos los cimientos de la tierra son conmovidos!»

Este versículo del Salmo es muy apropiado para la actualidad. Se aplica principalmente a los que ostentan el poder político y eclesiástico, pero hasta cierto punto se aplica a todos nosotros.

¿Qué hacer para poder saber y entender y no andar en tinieblas, sino en la luz? Debemos contar seriamente con Jesús en nuestras vidas, porque Él es la Luz del mundo. En Él está la plenitud de la sabiduría y del conocimiento. Si nos dejamos influenciar solo por la supuesta sabiduría de la corriente mayoritaria o de teléfonos inteligentes, no sabemos absolutamente nada sobre las cosas esenciales, a saber, sobre la salvación del alma, y no entendemos qué debemos hacer para alcanzarla o cómo vencer mentira y engaño. En esta ceguera, pues, los cimientos de la tierra se conmueven.

Este versículo del Salmo es similar al Salmo 11, 3: «Si los fundamentos son destruidos, ¿qué puede hacer el justo?».

Ahora vivimos en una época en la que se conmueven todos los cimientos morales sobre los que se edificó la Europa cristiana. Se introducen antileyes que privilegian el mal y castigan a los justos; privilegian la inmoralidad y castigan a las personas morales como una especie de «-fobos». De hecho, todo se arregla de tal manera que lleve a la humanidad al suicidio espiritual, psicológico y físico. Quedamos desamparados ante esta situación. Pero no debemos ceder a la desesperación. Tenemos que unir nuestra impotencia y sufrimiento al sufrimiento de nuestro Señor y Salvador crucificado y al dolor de Su Madre, que estuvo de pie junto a la cruz y es el ejemplo para nosotros de la unión perfecta al ser crucificada espiritualmente con Cristo. Desde el punto de vista humano, la situación es desesperada, pero sabemos que nada hay imposible para Dios. Él puede cambiar la mente de aquellos que están controlados por el espíritu de mentira y muerte, ¡Él puede! Pero Él está esperando a ti, tu oración de fe y tu perseverancia. Entonces, la realidad es que eres tú quien decide el futuro de la humanidad: tú y tu fidelidad a Jesús crucificado y resucitado. ¡Recuerda que nada hay imposible para Dios! Esto es lo que dijo el arcángel Gabriel a la Santísima Virgen, y ella respondió: «He aquí la esclava del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra». Y más tarde Elisabet exclamó: «Bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor». Confía en Dios y ten fe en el poder omnipotente de Dios que obra a través de la impotencia. La historia de la Iglesia, así como la vida de los santos, dan testimonio de esto. Después de todo, somos vencedores si permanecemos fieles a Cristo, aunque nos cueste la vida. ¡Al final, recibiremos la corona del martirio en gloria! ¡La vida eterna está en juego en la lucha de esta vida!

 

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