Nuestra casa está en el cielo

El objetivo de nuestra vida es estar unidos a Dios y vivir en esta comunión por toda la eternidad. La vida eterna comienza ya aquí en la tierra donde Dios nos pone a prueba. La duración de esta prueba es diferente para cada persona. Todos vivimos en lugares diferentes y en tiempos diferentes; el número de días de cada hombre es determinado y luego nuestra peregrinación terrenal terminará. Estas pocas décadas de la vida pasarán muy rápidamente; y, además, están llenos de sufrimiento, decepción… La vida en la tierra es un trabajo duro y problemas. Dios nos da su gracia en esta vida, y si cooperamos con ella —es decir, nos negamos o humillamos a nosotros mismos un poco, llevamos con paciencia nuestra cruz, nuestro sufrimiento físico o mental— nuestro corazón se llena de alegría que el Señor nos da. Sin embargo, siempre estamos rodeados de maldad, la envidia, diversas enfermedades, sufrimiento o la pérdida de nuestros familiares o amigos. Esto es para recordarnos que la tierra no es el lugar de nuestra residencia permanente.

Nuestra casa está en el cielo. Somos solamente peregrinos aquí, y no sabemos ni el día ni la hora. Realmente tenemos que ser conscientes de la eternidad. Envejeceremos, caeremos enfermos… Basta con mirar a la gente en los hospitales. Muchos sufren de dolores terribles, a algunos se les hayan amputados las piernas, están confinados a una silla de ruedas… No es posible encontrar la felicidad permanente en la tierra. No hay que envidiar a las personas ricas. Incluso si tuvieran millones de dólares, esto no es felicidad.

¿Cuál es la verdadera felicidad? ¿Pensáis que os hará felices el dinero, los placeres o una carrera? ¿Cuál será el final de estos placeres? ¿Cuál es el final de los alcohólicos, drogadictos o fornicarios? A menudo ocurre que los hijos de millonarios terminan suicidándose. Ellos tenían todo, pero no encontraron la felicidad. La verdadera felicidad no se encuentra en una carrera, el dinero o placeres. Todo es vanidad. Todo pasará. La verdadera felicidad se encuentra en un corazón puro, donde habita Dios. El que ha recibido a Jesús ya no tiene que temer la muerte porque Jesús es su Salvador a quien él entrega sus pecados todos los días y Jesús le perdona una y otra vez. Y cuando muere, solo pasará a la alegría eterna y alcanzará la verdadera felicidad en el cielo.

 

Descargar: Nuestra casa está en el cielo

 

 


Email Marketing by Benchmark


Elige lengua

ukukukukukukplpghude


Email Marketing by Benchmark


Buscar

Palabra de la vida

“Pues la intención de la carne es enemistad contra Dios”

Ro 8, 7a (desde 11-10-2026 hasta 25-10-2026)

Ver PÁGINA DE VIDEOS DEL PCB

VÍDEO

Patriarcado Católico Bizantino

LA ORACIÓN PROFÉTICA EZ 37

Profetiza, Hijo del hombre

formato doc ,       formato pdf