Toca a Jesús en la Sagrada Comunión

El Señor Jesús está realmente presente en la Divina Liturgia. Cuando recibimos Su Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión, tenemos que darnos cuenta: “Jesús, Tú ahora estás en mí”. Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿Qué quieres que te haga?” Si tienes un problema concreto, dile: “Señor, este es mi problema: estoy enfermo. Tú eres mi médico, ¡Tú eres todopoderoso!” Y Jesús te dice lo mismo que dijo a los ciegos en el Evangelio que vinieron a Él con una súplica ferviente o al padre que le pidió a sanar a su hijo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho.” O te dice a ti que dijo al leproso: “Quiero. ¡Sé limpio!” Jesús es el mismo, y Él está presente en la Eucaristía. Él viene de una manera especial. Al recibir Su Cuerpo y Su Sangre, Él viene a ti y se hace tu huésped. Piense en Zaqueo que deseaba ver a Jesús, y Jesús le dijo: “¡Hoy es necesario que pose yo en tu casa!” y entró en su casa. Hoy, Jesús entra en tu alma de la misma manera. Dile: “¡Jesús, Tú eres el Señor del universo!” Jesús te pregunta: “¿Qué quieres que te haga?” Así que dile concretamente lo que quieres. Cree en Él, Él es todopoderoso, pero Él quiere que creas en Él. ¡Cuántos milagros ha hecho Jesús! ¡Cuántos libros podrían escribirse! Pero siempre hay una condición: tu fe. Tenemos que abrir nuestros corazones al Señor con una fe viva y tocarlo como la mujer en el Evangelio que padecía de hemorragia y había gastado en médicos toda su hacienda. Ella pensó para sí misma: “Si tan solo toco el borde de su manto, seré sanada”. Y Jesús preguntó: “¿Quién es el que me ha tocado? … ha salido poder de mí”. Y esto es cierto hoy en día también. Jesús es el mismo ayer, hoy y mañana, pero es necesario que tengamos una fe viva y le tocamos con la misma fe que esta mujer. Y cuando Él mismo entra en tu alma en la Sagrada Comunión, puedes tocarlo aún más: “Jesús, Tú me conoces; por favor, haz esto y esto en mi vida”. Y el poder saldrá de Él y penetrará todo tu cuerpo y alma: el poder de Dios que creó todo el universo y que cura porque Él es Dios, Dios de Dios, Luz de Luz. Él está realmente presente en el Santísimo Sacramento. Él te ama. Él está siempre contigo, y Él quiere que tú también estés con Él. Y si en ningún otro momento, al menos después de la Santa Comunión, y aún más intensamente: “Jesús, Tú ahora estás en mí. Ahora me pongo todo en Tus manos, mi pasado y mi futuro. Confío en Ti. ¡Tú eres mi Dios, Tú eres mi Señor!”

 

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