Palabra de la vida Rom 4, 9-10

Porque decimos que a Abraham le fue contada la fe por justicia. ¿Cómo pues le fue contada? ¿En la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión.

¿En cuál verdad se pone énfasis?

Se pone énfasis en la justificación por la fe. Se dice que Abraham tuvo esta fe, cuando no era circuncidado, es decir, cuando era aun pagano. En muchos lugares la Biblia nos da la fe de Abraham como un modelo. Esta fe de Abraham es la fe salvadora, porque él no tenía aun conocimiento del misterio de que Dios se hará el hombre en la persona de Jesucristo y morirá en la cruz por nuestros pecados. El pagano que no tuvo la oportunidad de encontrar el verdadero cristianismo puede sre justificado, si busca sinceramente a Dios, no mata en sí mismo la conciencia con falsas ideologías religiosas y meditaciones y tiene esta fe de Abraham. La circuncisión, de lo que se habla, era la señal del pacto entre Dios y el hombre, la afirmación de que el circunciso tenga la fe salvadora. Si no la tiene esta fe, solamente circuncisión no significa nada.

La fe de Abraham subraya el sentido esencial, que es la relación personal con Dios. Como vemos, la esencia de la santidad es andar ante el Dios, como lo hizo Abraham. Esto significa que vivía en la presencia de Dios, se daba cuenta de que el Dios lo ve, y en todas las situaciones consideraba con el Dios vivo. Él no hacía ningunas soluciones racionales, antes de ponerlas ante la luz de Dios. En la fe él dejó su propia tierra y se convirtió en un peregrino. Por la fe recibió la promesa de que su mujer estéril en la vejez dará a luz un niño. Por la fe también fue a ofrecer a propio hijo a Dios, porque creía que el Señor puede resucitar a los muertos. Dios puso en nuestro interior la conciencia. Cada persona – creyente o pagano – discierne lo que es bueno y lo que es malo, lo que es verdad y lo que es mentira. Si el hombre hace el mal tiene el remordimiento de conciencia. Si hace el bien tiene la paz interior. Cada hombre se da cuenta de que la muerte no es el final definitivo, y con su razón puede saber que Dios está por encima de nosotros y Le tenemos que dar cuentos por el bien y el mal que hemos hecho. Cada persona puede experimentar consigo mismo y con los demás la paz, si nos dejamos guiar por la regla: todo lo que no quieres que los hombres hagan contigo, no lo haz con ellos, y la viceversa, todo lo que quieres que los hombres hagan a ti, haz así a ellos. Esta regla espiritual también nos sugiere el mismo Salvador.

El hombre es consciente de su pecado. No puede justificar a sí misma. El hombre es justificado por la fe de Abraham, que creyó en Dios y se inclinó ante Su misterio. Este misterio nos fue revelado: nuestra justificación se realiza en la persona de Jesucristo, que murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación.

Aplicación práctica:

Un ejemplo para nosotros es la fe de Abraham, que cree que Dios es Todopoderoso. En la oración, date cuenta de la presencia de Dios, que Dios te ve, al menos durante un minuto. Dale todos tus pecados. Date cuenta de que Él creó el universo y nuestra tierra. Confiesa, que Jesús murió por tus pecados también y que Él te justifica actualmente. Confiesa la fe, que Jesús resucitó realmente, por que Él es Dios.

¡Cristo ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!


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LA ORACIÓN PROFÉTICA EZ 37

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