Un llamamiento a la cabeza del Vaticano

Liev (Ucrania), 16 de marzo de 2013

Al santo padre Francisco

Ciudad del Vaticano

Santo padre Francisco:

Gustándole o no, Usted afronta el hecho de que con los gestos de Asís y la beatificación de Juan Pablo II, la iglesia representada por el Vaticano manifestó los cambios operados en la doctrina que antes predicaba, mostrando que ahora practica y enseña un evangelio diferente del que recibió: aquél predicado por San Pedro, San Pablo y los demás Apóstoles. Esta nueva doctrina promueve el sincretismo con religiones paganas. Aparte de algunas otras negaciones públicas del Evangelio, ¡Juan Pablo II permitió que se quitaran o cubrieran las cruces en las iglesias de Asís y que una estatua de Buda fuera colocada en el tabernáculo y adorada como dios! ¡Eso es una flagrante apostasía! Su apostasía fue seguida por todos los obispos, sacerdotes y teólogos “católicos”, que introdujeron una nueva enseñanza entre los fieles según la cual no es necesario predicar a Jesucristo como único Dios y Salvador. Ellos comenzaron a enseñar que uno no tiene que recibir y creer en Jesús para salvarse, porque según este nuevo evangelio todos pueden salvarse en su propia religión si su creencia es sincera. Sin embargo, esto es contrario a la enseñanza de Jesucristo, el rechazo de Su muerte redentora en la cruz y la deshonra de millones de mártires.

Ustedes han perdido la comprensión del camino de salvación. Ustedes han rechazado la verdad perdurable del Evangelio según el cual el hombre se justifica y se salva por la fe salvadora en Jesucristo, que nos une a Él. Esta comunión con Jesús está condicionada por la adhesión a Su doctrina inalterable y a Sus mandamientos a través del constante arrepentimiento. En contraste con esto, Ustedes han fabricado otro evangelio y otro Jesús, algo al estilo de Buda, Krishna, Mahoma o varios gurúes. Ustedes han aparecido con nuevas teorías teológicas enseñando que el pecado prácticamente no existe, que el infierno estará vacío y que no hay ninguna necesidad en absoluto de alcanzar la salvación porque el hombre no nace en un estado de condenación. Según esta teoría, sólo hay que ser “bueno”, un miembro de su organización católica, etcétera. Dr acuerdo con esto, el Presidente de la conferencia episcopal alemana, el arzobispo Zollitsch, pudo declarar libremente y con impunidad el Sábado Santo que “Jesús no murió por nuestros pecados, sino sólo en solidaridad con los pobres”. Esto es la herejía suprema que destruye la salvación de millones. ¡Y todos Ustedes guardaron silencio!

Lo que allanó el camino para ese pensamiento blasfemo en la Iglesia Católica fue la teología histórico-crítica que, acéptelo Usted o no, niega directa y claramente la divinidad de Jesucristo, Su resurrección verdadera e histórica y casi todos los milagros y acciones sobrenaturales de la Sagrada Escritura. Sus cardenales y teólogos apóstatas ponen la Biblia en pie de igualdad con todos los libros llamados sagrados de las religiones paganas. Pero la Palabra de Dios dice que los dioses de los paganos son demonios y que no hay ningún avuerdo entre Cristo y Belial (2 Co 6, 15). Juan Pablo II besó el Corán y dijo que los musulmanes tienen el mismo Dios. Sin embargo, el Corán niega la divinidad de Jesucristo y la Santísima Trinidad. La Palabra de Dios dice: Todo aquel que niega al Hijo tampoco tiene al Padre.” Jesús dijo a los hebreos: “A menos que creáis que Yo soy, en vuestros pecados moriréis.

El 1 de mayo de 2011, en el momento la “beatificación” de Juan Pablo II, con la cual la Iglesia católica de hecho confirmó ex cathedra” las nuevas enseñanzas heréticas en el espíritu de la Nueva Era, el Patriarcado católico bizantino y la Iglesia greco católica ortodoxa de Ucrania se separaron del Vaticano y, de acuerdo a lo enseñado en  Gal 1, 8-9, declararon el anatema de Dios sobre Benedicto XVI y Juan Pablo II – i.e. la excomunión bajo la cual habían caído automáticamente por su negación de la misma esencia del Evangelio.

La iglesia es edificada sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas (Ef 2, 20). Por tanto, nosotros en parte ejercemos este ministerio profético y la voz profética de la Iglesia.

El fruto de la maldición se pudo ver aún antes de la declaración del anatema. La Europa cristiana aceptó el antidecálogo del Tratado de Lisboa que incluye la promoción de la homosexualidad, y esta devastación moral fue abrazada por los EE.UU. como una prioridad de su política exterior. La ideología de género destruye todos los valores morales, espirituales y cristianos. El secuestro de niños por el sistema de justicia de menores y la desmoralización y la demonización de los niños secuestrados son también fruto de esta maldición.

La jerarquía de la Iglesia, Usted incluído, es culpable de la apostasía total descrita por San Pablo en 2 Ts 2, 3. Jesús lo predijo diciendo: Cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra? Recordemos las palabras de Jesús acerca de la abominación desoladora en el lugar santo (Mt 24, 15) relacionadas con la profecía de Daniel (Dn 9, 26-27; Dn 11, 31). Él refiere a la abolición del sacrificio perpetuo. Seguramente esto no se puede relacionar —aunque a la jerarquía católica probablemente le gustaría relacionarlo— con la destrucción del templo del Antiguo Testamento durante el reinado del emperador Vespasiano en 70 d.C.

Desde el momento de la muerte de Jesucristo en la cruz, Dios mismo hizo cesar la ofrenda del Antiguo Testamento y el templo judío dejó de ser el lugar santo, sino más bien “la sinagoga de Satanás” (Ap 2, 9). Fue el Cuerpo de Cristo —la Iglesia— lo que llegó a ser el templo verdadero. Cuando Jesús habló de la abominación desoladora en el lugar santo, habló, por tanto, sobre el espíritu del Anticristo. Ustedes, cardenales y obispos, lo dejaron entrar; o mejor dicho: lo introdujeron en la Iglesia expulsando al Espíritu Santo. Y cuando Jesús habla sobre la abolición del sacrificio perpetuo, habla de Dios quitando a Ustedes la Eucaristía en razón de su apostasía.

Jesucristo es la vid y nosotros somos los sarmientos. Sin Él no podemos hacer nada. Si alguno de los sacerdotes u obispos está en pecado pero profesa la misma fe que fue proclamada por los Apóstoles, aunque sea una rama muerta administra los sacramentos válidamente (ex opere operato). Sin embargo, en el caso de alguien que predique otro evangelio y niegue la esencia del cristianismo por su gesto o por su unidad en “la fe” con un apóstata, no es sólo un miembro muerto del Cuerpo de Cristo, sino además está cortado por Dios de la vid: Jesucristo. El don del sacerdocio no opera debido a su apostasía. San Basilio el Grande, así como la Iglesia oriental, sostiene que un apóstata administra los sacramentos inválidamente. San Basilio no reconocía los “sacramentos” de los arrianos porque no creían en Jesús como Dios verdadero. Los seguidores de la teología histórico-crítica y del espíritu de Asís tienen una visión de Jesús semejante a la de los arrianos. Lamentablemente, este espíritu vive en Su corazón y en los corazones de los jerarcas católicos, quienes han recibido el espíritu que está detrás de la supuesta beatificación de Juan Pablo II.

Santo padre Francisco: Usted ha llegado al Vaticano que, contra la Palabra de Dios, fue el primer país del mundo marcado globalmente con el chip que lleva el número de la bestia del Apocalipsis: 666. Esperamos que su primer paso sea la cancelación de esta marca para los empleados del Vaticano. Si no lo hace, esta marca en el Vaticano se convertirá en un precedente para todas las naciones del mundo.

Seguramente Usted mismo puede sentir que éste no es tiempo para celebraciones sino para un arrepentimiento verdadero. Su precursor, por quien Usted rezó, se retiró como acusado por delitos contra la humanidad. Él tan sólo encubrió, pero así, de facto, los aprobó. Quiso mantener la imagen de la estructura oficial. Creemos que Usted es consciente que toda esta triste herencia es lo que Usted ha recibido.

Lo que presentan como modestia en Usted —el hecho de vivir en un piso privado y no en el edificio de Su residencia— suscita sospechas en lugar de admiración.

Argentina se hizo el primer estado en Sur América en legalizar los matrimonios homosexuales y la adopción de niños por ese tipo de parejas. Debido al hecho de que Usted, como Primado de ese país, no guió a los sacerdotes hacia la conversión verdadera y al arrepentimiento que consiste en renunciar a las herejías de la teología liberal, Usted también es responsable de la epidemia homosexual en Argentina. Usted eludió la asistencia a grandes manifestaciones contra la homosexualidad y prefirió quedarse escondido. El público lo juzgó como un grave paso en falso. Sólo se leyó su fútil contribución. Es una maniobra psicológica de los medios de comunicación que siguen presentándole como un homófobo respetado. Seguramente son conscientes que le ayudarán así a ganar una reputación excelente entre el público católico.

Su declaración de que “debemos respetar a los homosexuales” revela su verdadera actitud. Respetar la homosexualidad agresiva significa crear condiciones para una homodictadura. Sólo nos resta, siguiendo su ejemplo, besar los pies no sólo de unos pocos homosexuales infectados, sino los de toda la joven generación muriendo de SIDA.

Por amor a Dios y la salvación de las almas, apelamos a Usted y le rogamos que haga un acto público de renuncia de las herejías contemporáneas: del espíritu de Asís y del pensamiento apóstata (teología histórico-crítica), eliminando así la abominación desoladora en la Iglesia. También es necesario anular la beatificación inválida de Juan Pablo II. A menos que lo haga, Usted no podrá pastorear la Iglesia católica en el espíritu de arrepentimiento y conversión. Usted seguirá siendo un apóstata elegido por apóstatas. La estructura jerárquica oficial de la Iglesia católica no será la Iglesia de Cristo sino la ramera del anticristo. Pero entonces será mejor para Usted hacer lo mismo que en buena hora hizo Benedicto XVI.

 

+ Elías

Patriarca del Patriarcado católico bizantino

 

+ Methodio OSBMr + Timoteo OSBMr

Obispos Secretarios

 

Copias a:

Presidentes de estados europeos y eurodiputados

Medios de comunicación

 

Descargar: Un llamamiento a la cabeza del Vaticano (16.3.2013)

 


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