Tened sal en vosotros mismos

La generación más joven anhela un gran ideal. No hay mayor ideal que seguir radicalmente a Jesús. Jesús dice: «Todos serán salados con fuego. La sal es buena; pero si la sal se vuelve insípida, ¿con qué la sazonaréis? Tened sal en vosotros mismos y estad en paz los unos con los otros» (Mc 9,49-50). Por lo tanto, debemos ser perseverantes en el seguimiento radical de Jesús. Debemos tener sal —el fuego del fervor— dentro de nosotros. Al mismo tiempo, nuestro viejo hombre debe ser crucificado en nuestra vida cotidiana; en otras palabras, debemos perder «lo nuestro» por amor a Jesús. De lo contrario, ¡no estaremos en paz los unos con los otros! La santidad consiste en caminar con firmeza en la fe a lo largo de la vida. Cada día debemos vivir el ardor del Evangelio, sin dejar nunca de ser sal, sin conformarnos jamás al espíritu del mundo, que intenta alejarnos de Jesús por medio de nimiedades. Por lo tanto, debemos ser vigilantes y radicales para no caer en sus trampas. No podemos eliminar las trampas, pero debemos cuidar nuestra salinidad. Jesús dice: «Sed la sal. Sed la luz» (cf. Mt 5, 13-16).

 

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LA ORACIÓN PROFÉTICA EZ 37

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