Palabra de la vida – Rom 6:3
“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en el Cristo Jesús,
hemos sido bautizados en su muerte?”
A la pregunta: ¿No sabéis? podemos contestar que verdaderamente no sabemos. Es que no conocemos la esencia del pecado, de la muerte de Cristo ni del bautismo. La pregunta “¿O no sabéis?” nos llama a tener conciencia de cierto misterio que la Palabra de Dios nos revela en la relación entre la liberación del pecado, la muerte al pecado (cfr. versículo 2) y la muerte de Cristo y el Bautismo. Se establece claramente que todos nosotros que somos bautizados en Jesucristo, en Su muerte somos bautizados. ¿Qué es el bautismo – la inmersión – en la muerte de Cristo? La muerte de Cristo es el momento expresado en la séptima palabra de Cristo en el Calvario: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. La muerte de Hijo unigénito de Dios vencido el pecado y el diablo. Por lo tanto, si por la fe bíblica actualizamos el misterio del Bautismo y hacemos presente nuestra unidad con la muerte de Cristo, en aquel momento somos realmente muertos al pecado y, como dice segundo versículo, no podemos ya vivir en él. Si no somos en la fe actual, ya no estamos activamente en el poder de la muerte de Cristo, entonces actúan otras leyes y nosotros pecamos. Cuando venga la tentación, y nosotros entremos en la muerte de Cristo, de nuevo ganamos. Siete veces al día en el espíritu nos ponemos bajo la cruz de Jesús y llamamos el nombre de Jesús y aceptamos el perdón de los pecados. Hacemos acto de amor a Dios, cuando repitamos el mayor primero mandamiento y luego personalmente decimos “pierdo mi alma por ti, y por evangelio.” Debemos ser conscientes de lo que repetímos y que ahora lo hago con todo corazón y con toda alma y con todas fuerzas. Amar a Dios significa entrar en la muerte de Cristo – en Su entregamiento completo de Su espíritu en los brazos del Padre – y al mismo tiempo crear la unidad con Su muerte.
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