La noche en que Cristo resucitó
Es de noche. Jesús está en el sepulcro. Los soldados custodian el sepulcro. ¿Dónde está la Santísima Madre de Dios esta noche? ¿Cómo pasa ella esta noche? ¿Dónde están los apóstoles? ¿Cuál es su estado de ánimo? ¿Qué sienten? Horror y miedo. ¿Y qué hay de las mujeres que habían seguido a Jesús? ¿Qué pasa con los soldados, enemigos? ¿Cuál es la atmósfera espiritual en Jerusalén? Cristo está en el sepulcro. Los enemigos vitorean…
¡Pero, este no es el final! ¡JESUS RESUCITÓ DE ENTRE LOS MUERTOS! No sabemos exactamente cuándo, las Escrituras no dicen si fue a medianoche o a la una o las dos de la madrugada. No importa cuándo sucedió exactamente. Toda la noche es santa. Después de la muerte de Jesús, Su espíritu descendió de las manos del Padre al lugar llamado sheol, o hades, y quebrantó sus puertas. Luego Su espíritu regresa al cuerpo. Su cuerpo no solo es resucitado, sino también transfigurado. Significa que el cuerpo de Cristo es glorificado. Jesús sale del sepulcro. Atraviesa los muros de piedra. Los soldados siguen vigilando el sepulcro pero ya está vacío. Por la mañana, un ángel quita la piedra que tapaba la entrada del sepulcro pero Cristo no sale. El ángel simplemente revela que Jesús no está allí. La tumba está vacía, Jesús salió de ella. ¿Dónde en Jerusalén está Su espíritu y Su cuerpo glorioso esta noche? La tradición dice que se apareció primero a la Santísima Virgen.
En la oración podemos experimentar el momento de la resurrección cuando el poder omnipotente de Dios entra en el cuerpo muerto de Cristo y este cuerpo se transforma y resucita. Percibimos la omnipotencia de Dios y confesamos nuestra fe en este gran milagro. Dios creó todo el universo de la nada; Él creó todas las estrellas, las galaxias y también nuestra Tierra, que no es más que una mota en el universo. Podemos ver los milagros de la omnipotencia de Dios a cada paso. Nos maravillamos ante cada hoja o árbol o ante una simple semilla de un pino que se planta en la tierra y luego crece hasta convertirse en un pino de 15 metros de altura que extrae agua del suelo sin necesidad de bomba. Todo esto está programado en una pequeña semilla. Estas son las maravillas de la naturaleza obradas por el Señor. Es la manifestación del poder omnipotente de Dios, que hizo todas las cosas de la nada. Y este Dios Todopoderoso está aquí. Ahora es el momento de la resurrección.
Sin embargo, la resurrección no concierne solo a Jesús. La Escritura dice: «Fuimos también resucitados con él» (Col 2, 12). Él asumió nuestra naturaleza; Dios se hizo hombre ―no ángel― para hacernos dioses, hijos adoptivos de Dios, herederos del reino de Dios. La Palabra de Dios dice que por el bautismo fuimos sepultados con Él en la muerte y recibimos una nueva vida. ¿Qué nueva vida? Es la vida de Cristo resucitado, vida divina. Soy partícipe de la resurrección de Cristo. Es un misterio, pero es verdad.
Imaginemos que estamos en una tumba de piedra oscura. Podemos ver el cuerpo muerto de Jesús envuelto en un lienzo de lino. El espíritu de Jesús entra en el cuerpo. El cuerpo no solo es resucitado, sino también transformado. La hija de Jairo, el joven de Naim y Lázaro, fueron resucitados por Cristo pero luego volvieron a morir porque sus cuerpos no fueron transformados y glorificados como el cuerpo de Cristo.
Démonos cuenta de la realidad de que Cristo en la cruz venció el pecado, la muerte y el diablo. Ahora Él sale de la tumba como Vencedor. Por el bautismo estamos unidos al misterio de la muerte y resurrección de Cristo.
La resurrección de Cristo es una realidad. ¿Qué ocurrió aquella noche del sábado al domingo? El sepulcro estaba sellado y dentro estaba oscuro. El cuerpo muerto de Jesús yacía en el sepulcro. Los soldados custodiaban la tumba. Quizás encendieron un fuego cerca de la tumba y vigilaron la entrada. En este completo silencio, el poder omnipotente de Dios resucita y transforma el cuerpo de Cristo, que ya no está sujeto a las leyes físicas. No hubo testigos de ese momento. No sabemos si Jesús resucitó al principio, a mitad de la noche o de madrugada. Toda la noche del sábado está santificada por este gran milagro que nos afecta a cada uno de nosotros. Jesús resucitó física y realmente hace 2 000 años. En el bautismo nos hemos convertido en miembros del Cuerpo Místico de Cristo, que se llama Iglesia. Jesús está misteriosamente en nosotros y entre nosotros. Él dice: «Donde dos o tres están reunidos en Mi nombre, allí estoy Yo en medio de ellos». También dice: «Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en Mí tiene vida eterna». La vida eterna ya la tenemos real y esencialmente, aunque todavía no en plenitud y gloria. La fuerza de la resurrección de Cristo se manifiesta en nuestro cuerpo en la medida en que, por la obediencia de la fe, entramos en la muerte de Cristo, es decir, en la medida en que nos entregamos totalmente a Dios o, en otras palabras, en la medida en que amamos a Dios y progresamos hacia el cumplimiento del mayor mandamiento: amar a Dios con todo nuestro corazón, toda nuestra alma y todas nuestras fuerzas. El cumplimiento de este primer mandamiento es la actualización en nosotros de la muerte de Cristo, en la que ya hemos sido sumergidos pasivamente en el bautismo. Ahora por la fe y el amor ―ágape― estamos unidos a Cristo y el poder de Su resurrección actúa en nosotros.
Cada sábado por la noche detente al menos un minuto y date cuenta de que Cristo ha resucitado. Puedes cantar una canción sobre la resurrección de Cristo o al menos una estrofa.
«Jesús, Tú realmente estás aquí. No te veo con mis ojos físicos pero me doy cuenta de Tu presencia por fe, me doy cuenta de que Tú me ves y me amas y que quieres hablarme. No puedo oír Tu voz física pero Tú pones Tus palabras en mi mente y en mi corazón, y quieres que permanezca en Tu palabra ».
Descargar: La noche en que Cristo resucitó
Actuales Vídeo
- El PCB: Obispos de África, ¡separaos del Vaticano apóstata!
- El hombre debe tener la cabeza sobre sus hombros
- Párese ante Dios cada vez que peca
- ¿Dónde está roto el poder del pecado?
- El PCB: Un llamamiento a los católicos estadounidenses, a los sacerdotes y, sobre todo, a los obispos
- El Verbo era Dios
- Dios Padre envió a Dios Hijo
- Llamamiento al pueblo estadounidense: ¡El arrepentimiento es necesario! ¡Puede evitar una catástrofe mundial!










