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Amor verdadero a sí mismo y a sus prójimos

San Agustín dice: “Señor, quema, despedaza y no perdones en este mundo para que me perdones en el otro, que es eterno”. Señor, quiero ser un egoísta santo. Quiero amarme a mí mismo verdaderamente y no quiero estar en el Purgatorio ni un minuto. Si por medio de la vara de la disciplina pouedo evitar el Purgatorio, por favor, castígame. Pero yo amo a mis prójimos también. Ni siquiera quiero que mi enemigo vaya al infierno o al Purgatorio. Si quieres purificarlo por tu fuego a través del sufrimiento, p. ej. una enfermedad, hágase Tu voluntad. Yo amo tanto a mí mismo como a mi prójimo, y creo que el castigo que nos mandas tanto a mí como a él nos salvará. Quiero estar con él en el cielo.

Hagamos obras dignas de la eternidad

Antes de comparecer ante el tribunal de Dios, haz todo lo posible para no quedarte allí con las manos vacías. Seremos juzgados no sólo por habiendo hecho el mal. Estamos obligados a hacer el bien, a hacer obras dignas de la eternidad. Seremos juzgados por lo que estábamos obligados a hacer y no lo hicimos. Cada buena palabra, cada aliento, cada paso de fe, cada sufrimiento que aceptamos y soportamos, cada burla y toda persecución por causa de Cristo es de gran valor. Entonces, ¡vivamos por la fe! Ciertamente, no seremos justificados por nuestras buenas obras solamente, sino que somos justificados por la justicia de Cristo. En verdad, nuestra salvación está en Cristo: este es el fundamento del cristianismo, pero la cuestión es con qué edificamos sobre este fundamento: con madera y hojarasca o las obras de oro hechas en unión con Cristo.

En el cielo tendremos todo lo que el corazón humano desea

En el cielo tendremos todo lo que el corazón humano desea. Nuestro corazón desea honor, riqueza y poder. Obtendremos todo esto de una manera adecuada en el cielo. Honor, riqueza y poder. Está escrito en el primer libro de Samuel: “El Señor declara: Yo honraré a los que me honran”. ¿Podemos imaginar un honor mayor que ser honrados por Dios? Y si Dios nos honra, todos los habitantes del cielo nos honrarán también por permanecer fieles a Cristo y Su verdad y no dejarse seducir por mentiras. Todos nuestros esfuerzos en nuestro servicio a Dios serán revelados.

Cinco partes de la celebración del domingo – Parte II

SEGUNDA HORA

Versión revisada: Algunas canciones en el folleto no corresponden a las canciones en el vídeo.

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La aparición de los ángeles

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

En el domingo, muy temprano por la mañana, cuando todavía estaba oscuro, llegó María Magdalena y la otra María al jardín donde Jesús fue sepultado. Cerca de la tumba de repente fueron asustados por un gran terremoto. He aquí un ángel del Señor se les apareció. Lo ven, como desciende del cielo, remueve la piedra de la entrada de la tumba y se sienta sobre ella. Las mujeres perplejas miran el rostro del ángel. Su rostro era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve que brilla al sol. Incluso los soldados que custodiaban la tumba de Jesús son testigos de esta aparición deslumbrante. Pero ahora yacen por la tierra como muertos, temblando por miedo de la apariencia del ángel. De igual modo las mujeres son espantadas, pero miran la aparición celestial con la esperanza.

Ahora el ángel les anuncia: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. (Mt 28:5-7)

¿Qué hace que el cielo sea el cielo?

Lo más importante que hace que el cielo sea el cielo es que estamos en comunión con Dios que nunca terminará, o en otras palabras, participamos en la vida de Dios. Los ángeles están cerca de Dios y viven una vida perfecta. A diferencia de ellos, nosotros compartimos la vida misma de Dios porque Jesús se hizo hombre. Haciéndose hombre, injertó la vida divina en nuestra naturaleza. Nosotros que hemos recibido a Cristo tenemos la vida eterna ya en esta tierra. La esencia de la vida eterna consiste en recibir la naturaleza divina, en convertirse en coherederos del reino de Dios. Hemos sido literalmente injertados en Cristo. Tenemos el mismo Espíritu que Cristo.

¡El cielo está cerca!

El cielo está cerca, ya que yo moriré pronto. Sólo unos cuantos años más, y yo estaré ante las puertas del paraíso. Y si viviera incluso cien años más, pasarían volando. ¡Cuán poderosamente debería motivarme el pensamiento del cielo! Este pensamiento movió a tantos muchachos y muchachas a despreciar las alegrías y bienes de este mundo que pasarán, para alcanzar el cielo eterno.

Bergoglio se ha hecho diablo y serpiente para nosotros

21 de abril de 2017

El 4 de abril de 2017, ¡el Papa Bergoglio declaró que Jesús se ha hecho diablo y serpiente para nosotros! No Jesucristo, sino Francisco Bergoglio se ha hecho diablo, satanás, para nosotros. No Jesús, sino Bergoglio se ha hecho serpiente para nosotros. El usa la astucia de la serpiente para arrojarnos al infierno.

¡Bergoglio creó una asociación blasfema entre Jesús y el diablo y envenenó las almas! Habiendo llevado a cabo esta obra de destrucción, para hacerse inatacable, se disfrazó perfectamente con frases piadosas, incluso místicas, y describió emocionalmente el sacrificio de Cristo. Sin embargo, ¡el veneno espiritual de una frase mortal ya está en las almas! Esta manipulación psicológica de Bergoglio funciona de manera similar a la publicidad. Se almacena en el subconsciente y en un momento crítico afecta el comportamiento humano. Cuando un cristiano se arrodilla junto a la cruz para orar, recuerda la declaración sugestiva de Francisco. ¿Cómo puede seguir orando si este pensamiento se vuelve una y otra vez?

¡Lo que Bergoglio ha hecho es un crimen que clama al cielo, el colmo de la blasfemia y un pecado contra el Espíritu Santo!

Jesús ganó el cielo para nosotros con su propia sangre

El Divino Salvador ganó el cielo para nosotros con Su propia sangre. Él no necesitaba adquirir el cielo para sí mismo, sino que sacrificó su vida y su sangre por nosotros para abrirnos el camino a la felicidad eterna en el cielo. Cedió todos sus derechos y requisitos a nosotros, sus hermanos más pequeños.

Teniendo en cuenta los méritos de Jesucristo, su pasión y muerte, puedo decir: El cielo pertenece a mí. Santo Bernardo utilizaba esta lógica para silenciar al diablo. Cuando en su lecho de muerte el santo estaba esperando con alegría el cielo, el espíritu maligno vino a él y le dijo: “¿Cómo puedes esperar que Dios te reciba en el cielo si sabes lo pobres que fueron tus obras?!”

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Palabra de la vida

“Sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado,”

Ro 6, 6 (desde 23-9-2018 hasta 7-10-2018)

Reflexión sobre la Palabra de Dios