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¿Dónde está nuestro hogar, nuestra patria?

“En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me voy y os preparo lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo, para que donde yo esté, vosotros también estéis” (Jn 14, 2-3).

El cuadragésimo día después de su resurrección, Jesús sube al cielo donde Él nos reserva un lugar. Tenemos que darnos cuenta de que el cielo es nuestro hogar, nuestra patria. Por ejemplo, podemos reflexionar sobre la siguiente realidad: Vemos a Cristo en el Monte de los Olivos donde aparece a los Apóstoles y a la Santísima Virgen. Jesús les dice: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mt 28, 18-19). Después de eso, fue alzado y los ángeles aparecieron y dijeron: Hombres galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como lo habéis visto ir al cielo (Hechos 1:11).

¡Señor, danos Tu palabra!

El mundo entero está sufriendo una crisis de fe; somos testigos de la apostasía masiva del cristianismo. Gracias a Dios que podemos luchar por la pureza de la fe. Dios nos ha puesto en esta lucha. No estamos luchando sólo por Ucrania; Dios nos ha puesto en un campo de batalla para luchar por toda la Iglesia. Viendo cuán grande es este problema, decimos en la oración: — Oh Dios, ¿qué debemos hacer? No estamos en una posición como David contra Goliat, sino más bien como si estuviésemos con una honda contra una bomba atómica. No tenemos ninguna posibilidad. Pero confiamos en que Tú eres Todopoderoso, que vencerás en esta lucha y que llegará la resurrección espiritual. ¿Y cómo? Estamos en la oscuridad: nos enfrentamos a un problema y no vemos ninguna solución.

La situación actual es difícil. ¿Qué podemos hacer?

El diablo nos engaña y nosotros creemos esas mentiras. El espíritu del anticristo gobierna y cambia el pensamiento hasta tal punto que la gente ya no distingue el bien del mal. Nosotros literalmente respiramos este ambiente de la televisión, la música o el contacto con personas que tienen el espíritu del mundo. Por lo tanto necesitamos sacar fuerza de la oración, de una comunidad viva, de la Palabra de Dios. El diablo forma la opinión pública que no se basa en la verdad, sino más bien en una mentira, y ejerce presión sobre cada uno de nosotros. Necesitamos ser sabios y no debemos permitir que los medios de comunicación nos manipulen. Hoy los medios de comunicación están en manos de aquellos que promueven películas que conducen a la decadencia moral. Incluso el telediario manipula a la gente.

La humildad es la base de todas las virtudes

De todas las personas, la Virgen María es el modelo supremo de la humildad. El Señor Jesús, Dios y Hombre, dijo: “Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón”. Él dijo claramente que esto es lo que debemos aprender de Él. Él claramente lo exige de nosotros. Debemos prácticamente negarnos a nosotros mismos, aceptar nuestra cruz y seguirLe humillado, abandonado y crucificado. La humildad es la base de todas las virtudes. Lo opuesto a la humildad es el orgullo que conduce a la muerte eterna, mientras que la humildad es la clave del cielo. La humildad vence al diablo y al viejo hombre en nosotros. Diferentes formas de celos, la comparación con los demás, la competitividad incluso en la vida espiritual, la tristeza cuando alguien tiene éxito; ¡todo esto es un pecado de orgullo! Necesitamos humillarnos en pensamientos una y otra vez.

Amor verdadero a sí mismo y a sus prójimos

San Agustín dice: “Señor, quema, despedaza y no perdones en este mundo para que me perdones en el otro, que es eterno”. Señor, quiero ser un egoísta santo. Quiero amarme a mí mismo verdaderamente y no quiero estar en el Purgatorio ni un minuto. Si por medio de la vara de la disciplina pouedo evitar el Purgatorio, por favor, castígame. Pero yo amo a mis prójimos también. Ni siquiera quiero que mi enemigo vaya al infierno o al Purgatorio. Si quieres purificarlo por tu fuego a través del sufrimiento, p. ej. una enfermedad, hágase Tu voluntad. Yo amo tanto a mí mismo como a mi prójimo, y creo que el castigo que nos mandas tanto a mí como a él nos salvará. Quiero estar con él en el cielo.

Hagamos obras dignas de la eternidad

Antes de comparecer ante el tribunal de Dios, haz todo lo posible para no quedarte allí con las manos vacías. Seremos juzgados no sólo por habiendo hecho el mal. Estamos obligados a hacer el bien, a hacer obras dignas de la eternidad. Seremos juzgados por lo que estábamos obligados a hacer y no lo hicimos. Cada buena palabra, cada aliento, cada paso de fe, cada sufrimiento que aceptamos y soportamos, cada burla y toda persecución por causa de Cristo es de gran valor. Entonces, ¡vivamos por la fe! Ciertamente, no seremos justificados por nuestras buenas obras solamente, sino que somos justificados por la justicia de Cristo. En verdad, nuestra salvación está en Cristo: este es el fundamento del cristianismo, pero la cuestión es con qué edificamos sobre este fundamento: con madera y hojarasca o las obras de oro hechas en unión con Cristo.

En el cielo tendremos todo lo que el corazón humano desea

En el cielo tendremos todo lo que el corazón humano desea. Nuestro corazón desea honor, riqueza y poder. Obtendremos todo esto de una manera adecuada en el cielo. Honor, riqueza y poder. Está escrito en el primer libro de Samuel: “El Señor declara: Yo honraré a los que me honran”. ¿Podemos imaginar un honor mayor que ser honrados por Dios? Y si Dios nos honra, todos los habitantes del cielo nos honrarán también por permanecer fieles a Cristo y Su verdad y no dejarse seducir por mentiras. Todos nuestros esfuerzos en nuestro servicio a Dios serán revelados.

Cinco partes de la celebración del domingo – Parte II

SEGUNDA HORA

Versión revisada: Algunas canciones en el folleto no corresponden a las canciones en el vídeo.

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La aparición de los ángeles

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios (5 minutos)

En el domingo, muy temprano por la mañana, cuando todavía estaba oscuro, llegó María Magdalena y la otra María al jardín donde Jesús fue sepultado. Cerca de la tumba de repente fueron asustados por un gran terremoto. He aquí un ángel del Señor se les apareció. Lo ven, como desciende del cielo, remueve la piedra de la entrada de la tumba y se sienta sobre ella. Las mujeres perplejas miran el rostro del ángel. Su rostro era como un relámpago, y su vestido blanco como la nieve que brilla al sol. Incluso los soldados que custodiaban la tumba de Jesús son testigos de esta aparición deslumbrante. Pero ahora yacen por la tierra como muertos, temblando por miedo de la apariencia del ángel. De igual modo las mujeres son espantadas, pero miran la aparición celestial con la esperanza.

Ahora el ángel les anuncia: No temáis vosotras; porque yo sé que buscáis a Jesús, el que fue crucificado. No está aquí; porque ha resucitado, como dijo. (Mt 28:5-7)

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Palabra de la vida

“Digo, pues: Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne. Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu, y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis.”

Gl 5, 16-17 (desde 15-7-2018 hasta 29-7-2018)

Reflexión sobre la Palabra de Dios