Cinco partes de la celebración del domingo. Parte I – La Resurrección de Cristo

PRIMERA HORA

Versión revisada: Algunas canciones en el folleto no corresponden a las canciones en el vídeo

La Resurrección de Cristo

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

En el espíritu vemos la tumba de piedra en Gólgota. Durante la noche del sábado lo guardaron los soldados romanos. Los principales sacerdotes y los fariseos dijeron a Pilato sobre Jesús muerto: Él dijo, viviendo aún: Después del tercer día resucitaré. Manda, pues, que se asegure el sepulcro.” (Mt 27:63-65)

La noche está calmosa. ¿Qué sucede en el ámbito espiritual? El espíritu de Jesús descendió a este mundo temporal. En ese momento resucitó y se transformó Su cuerpo, que hasta entonces había permanecido en la tumba. Este cuerpo pasó a través de la tumba de piedra, porque ya no estaba sujeto a las leyes físicas.

El momento de la resurrección confirmó, que el Evangelio de Cristo es la verdad y que Cristo es verdadero Dios. El momento de Resurrección se llevó a cabo en silencio absoluto y secreto. Los guardias no sabían que Cristo había salido de la tumba. La resurrección no fue acompañada por ningún signo externo: truenos, relámpagos, terremotos … Así como Dios creó el universo de nada y lo ordenó, así actuó con Su omnipotencia también ahora.

Jesucristo murió y resucitó. Cada uno de nosotros se encuentre con la realidad de la muerte. Nuestro cuerpo no sólo resucitará por la omnipotencia de Dios, sino que también será glorificado y será parecido al cuerpo de Cristo resucitado.

 

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Todos repetímos: Cristo ha resucitado de los muertos; primicia de los que murieron.” (1 Co 15:20)

 

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

Todos decimos junto: “¡Cristo ha resucitado!”, y uno añade: “¡Verdaderamente ha resucitado!

 

4. Canción (5 min):

Cantamos: “Vive Jesús el Señor”. (Durante la canción me regocijo en la fe por la resurrección de Cristo)

 

Cristo resucitado apareció a Su madre

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

La Sagrada Escritura no dice nada sobre el encuentro de Cristo resucitado con su madre. En la hora de Su muerte, ella estaba junto de la cruz y murió espiritualmente con Él, como Su y nuestra madre. Si la Escritura da testimonio de que hemos resucitado juntamente con Cristo, entonces, en el primer lugar esto toca a la que está llena de gracia (cf. Lc 1:28) y que murió espiritualmente con Él en la Gólgota.

La Sagrada Escritura testimonia que la madre de Jesús no estaba con las mujeres. ¿Por qué? Porque en el momento de la resurrección ella no sólo fue la primera a la que Jesús se le apareció, como dice la Tradición de la nuestra Iglesia Oriental. Al mismo tiempo ella vivió el misterio de su propia y nuestra resurrección con Cristo (cf. Ef 2:6; Col 2:12, 3:1). Este misterio toca también a nosotros y está conectado con el Misterio del Bautismo.

 

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Todos repetímos: “¡Oh purísima Madre de Dios, regocíjate por la resurrección de tu Hijo!”

 

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

Todos decimos junto: “Ye-ho-shu-aa-aa-aa [*], y uno añade: “Ahora Tú permaneces en tu madre y ella en Ti.

 

4. Canción (5 min):

Cantamos: “Resplandece, resplandece, oh nueva Jerusalén”.

La madre de Jesús y nuestra es la nueva Jerusalén. En el espíritu, junto con María, vivimos el misterio de su resurrección con Cristo y encuentro con Jesús.

 

Nuestra resurrección con Cristo

1. La reflexión sobre la Palabra de Dios:

En el tiempo de su muerte, Jesucristo se había identificado con nuestra naturaleza excepto el pecado y nosotros también resucitamos con Él. El profeta Oseas lo predijo: Al tercer día nos resucitará, y viviremos delante de él”. (6:2) Nuestra participación en la resurrección de Cristo, mediante la fe, ahora está espiritual. En la segunda venida también nuestro cuerpo será resucitado y transformado para la gloria.

La realidad espiritual de nuestra resurrección con Cristo en la madre de Jesús y madre nuestra es perfecta. Ahora, con el mismo compromiso a Dios y con la misma fe como María, estoy recibiendo no sólo la unidad interior con el Salvador resucitado, sino también todo el misterio del bautismo en plenitud. Ahora me doy cuenta de la verdad de que: “Ya no vivo yo, sino Cristo vive en mí.” (Gl 2:20) En la medida en que entremos en la muerte de Cristo, el poder de su resurrección pueda obrar en nosotros. En el Bautismo fuimos injertados espiritualmente a estos dos misterios de la muerte y resurrección de Cristo (cf. Rm 6:3-5). Ahora ya debemos llevar en nuestro cuerpo la muerte de Cristo así como Su nueva vida (cf. 2 Co 4:10).

 

2. La recitación de la Palabra de Dios (5 min):

Todos repetímos: “¡Cristo ha resucitado! Con Él también nosotros resucitamos.”. (cf. Ef 2:6)

 

3. La oración de acuerdo a la Palabra de Dios (5 min):

Todos decimos junto: “Ye-ho-shu-aa-aa-aa”, y uno añade: “¡Contigo yo resucité!

 

4. Canción (5 min):

Jesús está en mí (en ti) y yo en Él. Él es la resurrección y la vida. Él está aquí. Durante la canción “Resucitó” vivo el misterio de mi resurrección con Cristo.

 

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[*] La pronunciación original del nombre de Dios, como los contemporáneos de Cristo lo han pronunciado así como la Virgen María, suena “Yehoshua”.

La “h” en el nombre Yehoshua se pronuncia aspirada igual que en alemán e inglés (por ejemplo en la palabra “holy”).

¿Cómo invocar el nombre de Dios con la fe? Al exhalar pronuncia la sílaba “Ye” y date cuenta de la presencia de Dios el Padre; al exhalar el segundo tiempo, pronuncia la sílaba “ho” y date cuenta de la presencia de Dios el Hijo; al tercer tiempo “shu” y date cuenta de la presencia de Dios el Espíritu Santo; y finalmente exhala “aaa” sin producir un sonido. Entonces después de inspirar exhala “aaa” otra vez, y luego la tercera vez tratando de experimentar personalmente la verdad dada.

 

Descargar: Nueva edición del folleto de oración para la celebración del Domingo – formato doc ,      formato pdf

Descargar: La muerte y resurrección de Jesucristo (la oración contemplativa)

 

 

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“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? ¡Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro! Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, pero con la carne, a la ley del pecado.”

Ro 7,24-25 (desde 8-9-2019 hasta 22-9-2019)

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