El quinto aniversario del Patriarcado Católico Bizantino

El 5 de abril de 2011, el Sínodo de los Obispos de la IGCOU se reunió en Zhovkva, Ucrania, y estableció el Patriarcado Católico Bizantino. Se convirtió en una estructura religiosa independiente que ejerce el ministerio profético en asuntos de la fe y moral, tanto para las Iglesias orientales como para occidentales. Arzobispo Elías OSBMr fue elegido Patriarca, obispo Metodio OSBMr y obispo Timoteo OSBMr fueron nombrados obispos secretarios.

Antes del establecimiento del Patriarcado, el Sínodo de los Obispos de la IGCOU escribió casi 20 llamamientos al Papa Benedicto XVI, solicitándole que no beatifique a Juan Pablo II ya que este gesto de facto aprobaría su dirección apóstata en la Iglesia y abriría la puerta al sincretismo con el paganismo. Especialmente su gesto apóstata en Asís se convirtió en un programa de propagar la infección espiritual de neopaganismo dentro de la Iglesia. Además, Juan Pablo II es responsable por su consentimiento tácito a las herejías de neomodernismo que socavaron los cimientos no sólo de la Iglesia católica, sino del cristianismo en general.

El establecimiento del Patriarcado fue anunciado a Benedicto XVI porque en ese momento los obispos de la IGCOU habían luchado por la ortodoxia en la subordinación al Papa. Benedicto XVI —que había sido prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe durante muchos años— tampoco aprobaba las herejías contemporáneas. Era evidente que estaba expuesto a extremadamente fuerte presión psicológica que le quebrantó y finalmente le obligó a la beatificación el 1 de mayo de 2011. En ese día, el Patriarcado Católico Bizantino se vio obligado a declarar anatema de Dios contra él, así como contra el difunto Juan Pablo II. La razón fue la necesidad de proteger a los fieles del progreso ulterior hacia la autodestrucción de la Iglesia a través del abuso de la autoridad suprema.

Durante un período de cinco años, enfrentándose a una guerra espiritual y psicológica, el Patriarcado Bizantino ha luchado por la defensa de la ortodoxia y los valores morales arraigadas en la ley de Dios. Su lucha está dirigida a salvar la Iglesia oriental, Iglesia ortodoxa, del proceso de la autodestrucción, en el que jerarcas traidores, que han traicionado y vendido a Cristo como Judas, desempeñan un papel importante.

El Patriarcado no tiene diócesis subordinadas; se trata de una autoridad profética y moral tanto para la Iglesia occidental como oriental.

 

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