Carta pastoral dada en la fiesta de Pentecostés

Lvov (Ucrania), 12 de junio de 2011


Queridos sacerdotes y fieles de la IOGCU y de la IGCU:

Antes de ascender a los cielos, Jesús dijo a Sus apóstoles: “Permaneced en la ciudad hasta que seáis revestidos con el poder de lo alto” (Lc. 24, 49), y también les dijo: “Cuando el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros seréis Mis testigos en Jerusalén y en toda Judea y Samaria, y hasta el fin del mundo”. (Hechos 1, 8). Simples pescadores de Galilea, a quienes Jesús llamó para ser Sus discípulos, eran personas débiles y defectuosas como nosotros. En el momento de la prueba habían fallado. Pedro negó a Cristo, y los otros apóstoles, excepto Juan, carecieron de fortaleza para estar junto a la cruz de Cristo al lado de la Madre de Jesús. Cuando al tercer día Cristo se levantó de entre los muertos, ellos no podían aceptar lo que veían. Incluso el apóstol Tomás permaneció toda la semana en la incredulidad. Cuarenta días después de Su Resurrección, Jesús ascendió a los Cielos y prometió a los apóstoles que el Espíritu Santo descendería sobre ellos y que ellos se convertirían en Sus testigos (mártires).

Los cobardes apóstoles se convirtieron en héroes de la fe que testificaron la muerte y la resurrección de Cristo y “predicaron el arrepentimiento y el perdón de los pecados” (Lc. 24, 47). Finalmente, ellos sellaron sus testimonios con muerte de mártir. Las palabras de Jesús se aplican también a nosotros. Recibir plenamente al Espíritu Santo, ser bautizado con el Espíritu Santo (Mt. 3, 11): esto pertenece aún hoy a los fundamentos de un Cristianismo verdadero y vivo. Dar testimonio de la verdad de Dios, tanto en la época de los apóstoles como en nuestros tiempos, requiere la fuerza interior y la voluntad de sufrir denigración y ridiculización por amor a Cristo: ¡disposición para el martirio espiritual!

Hoy somos testigos de una penosa realidad: la jerarquía de la Iglesia, y el primero de mayo del 2011 incluso el Papa, abandonaron las verdades fundamentales del Evangelio de Cristo, se separaron ellos mismos del Espíritu Santo —el Espíritu de la verdad— y aceptaron el espíritu de Asís —el espíritu del Anticristo—. Debido a la expansión masiva de la apostasía dentro de la Iglesia, siete obispos de la IOGCU, tras orar y buscar la voluntad de Dios, proclamaron el Patriarcado Católico Bizantino. Este Patriarcado se ha convertido en un faro de la verdadera fe no solo para las Iglesias católicas orientales sino también para toda la Iglesia Católica de occidente. Cuando se inicie una verdadera reforma de la Iglesia, los nuevos obispos Católicos ortodoxos del mundo elegirán un nuevo Papa de entre ellos.

El primero de mayo del 2011, mediante el gesto de la beatificación, el Papa Benedicto XVI colocó el espíritu de Asís —el espíritu del Anticristo— sobre el altar. Así se excluyó a sí mismo de la Iglesia, y la Iglesia fue dejada en un estado de sede vacante. Él ocupa ahora ilegítimamente la sede del Papa. Todo Obispo, todo sacerdote y todo fiel debe separarse del espíritu herético y antievangélico aprobado por él. Los obispos y sacerdotes están obligados en conciencia ante Dios a dejar de mencionar en la liturgia el nombre del Papa excomulgado. Si lo mencionan, manifiestan que están unidos con el espíritu de anticristo que ha sido legalizado por él en la Iglesia. De este modo, esos obispos y sacerdotes caerán bajo un anatema y las liturgias celebradas por ellos y los sacramentos administrados por ellos serán inválidos (vacíos). Los fieles están obligados a advertir a esos sacerdotes de esta seria realidad en el caso de que continúen mencionando el nombre del ex Papa en la liturgia. Si no dejan de mencionarlo, ellos están obligados a dejar de de asistir a esas liturgias y de recibir los sacramentos. Estas liturgias son un insulto a Dios y un mero teatro.

Cuando el Apóstol Pedro predicó un sermón el día de Pentecostés, dijo a los judíos piadosos: “Vosotros crucificasteis al Hijo de Dios; vosotros asesinasteis a Dios”. Estas palabras traspasaron sus corazones y dijeron: “Hermanos: ¿qué debemos hacer?” Pedro les dijo: “Arrepentíos… y recibiréis el don del Espíritu Santo… Guardaos de esta generación perversa”. (Hechos, 2, 38-40). Aquellos que recibieron sus palabras fueron bautizados y aquel día se les unieron cerca de tres mil almas.

Si nosotros vamos a recibir en plenitud al Espíritu Santo, como los apóstoles, cada uno sin excepción, personalmente, debe arrepentirse, lo que significa cambiar el modo de pensar. A través de un pensar verdadero que acepte la esencia del Evangelio, esto es la pérdida de la propia vida por amor de Cristo (Mc. 8, 35), el Espíritu Santo puede venir y tener una habitación permanente en nosotros. Él vivirá en nosotros la nueva vida de Cristo resucitado. Él nos dará la fortaleza para ser verdaderos testigos de Cristo, para discernir entre las herejías veladas y el Evangelio verdadero, y entre el espíritu del anticristo y el Espíritu de Cristo. Un gesto concreto de arrepentimiento es separarse de las enseñanzas heréticas asociadas al espíritu de Asís, el espíritu del anticristo.

En estos días se está realizando un cambio legislativo en Ucrania. Los valores morales enraizados en los mandamientos de Dios son reemplazados por antivalores. La jerarquía Católica, que debería ser la conciencia de la nación, apoya esta traición con su silencio hipócrita. El Patriarcado Católico Bizantino le ha solicitado repetidamente a la jerarquía de la IGCU escribir una carta pastoral que señale claramente las consecuencias de la homosexualidad y del sistema de justicia juvenil que están siendo promovidas. Ambas conducen a la total inmoralidad y a la demonización de la juventud, y al genocidio espiritual, moral y físico de Ucrania. Si la jerarquía escribiera una sola carta pastoral y emplazara a la gente para organizar una demostración masiva contra estos crímenes, la nación como un todo se levantaría y en vez de una maldición y la muerte, Ucrania conseguiría una bendición y la vida.

Para que el Espíritu Santo venga y sople con poder en Ucrania, debe haber almas que se arrepientan sinceramente. La Iglesia nació en Pentecostés a través del arrepentimiento por el poder del Espíritu Santo. En el momento presente, por la impenitencia y la apostasía, la jerarquía y el clero han recibido el espíritu del anticristo, del mismo modo que sucedió a los fariseos y escribas en tiempos de Cristo. La Iglesia debe renacer hoy por el verdadero arrepentimiento. Aquellos que den un paso concreto de arrepentimiento y se separen de la estructura apóstata encabezada por Benedicto son los comienzos de la verdadera Iglesia Católica renacida. ¡Un verdadero cristiano debe separarse de la generación perversa que niega las verdades divinas, las leyes divinas, y legaliza herejías, perversión y antileyes! Lo que fue esencial en el nacimiento de la Iglesia hace dos mil años sigue siendo esencial el día de hoy. Los apóstoles y todos los nuevamente nacidos tuvieron que separarse de la jerarquía caída que había matado a Cristo. La solución de Dios para ese entonces y para hoy es separarse de la jerarquía apóstata que persiguió y aún hoy persigue a los verdaderos discípulos de Cristo. ¡Todo creyente debe decidir individualmente si se debe permanecer bajo la estructura apóstata que, debido a la apostasía, es regida por el espíritu de muerte, o si debe unirse a la Iglesia ortodoxa que conduce a la salvación por cuanto tiene el mismo Espíritu y la misma enseñanza ortodoxa de los apóstoles!

¡Quiera Dios conceder el don del arrepentimiento y la plenitud del Espíritu Santo a todos los sacerdotes y creyentes sinceros de la IOGCU y la IGCU!

Los siete obispos del Patriarcado Católico Bizantino

 

Elige lengua

Buscar

Palabra de la vida

“Vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros, porque toda la Ley en esta sola palabra se cumple: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.”

Gl 5, 13-14 (desde 16-6-2019 hasta 30-6-2019)

Reflexión sobre la Palabra de Dios