Sirvamos a Dios

Sirvamos a Dios. Sí, somos débiles, pero el apóstol Pablo dice: “Cuando soy débil, entonces soy fuerte”. (2 Co 12, 10) Sigo cayendo pero debo arrepentirme. No digas: “Sólo cuando me enmiende, voy a ser un verdadero cristiano”. Lleguemos a Dios como somos, desventurados y miserables. Jesús está esperando que le demos nuestra debilidad, nuestro pecado, porque Él quiere darnos Su perdón y la paz. Él quiere enseñarnos a través de las situaciones, a través del arrepentimiento, para que podamos cambiar nuestra forma de pensar.

El veneno del pecado original

El veneno del pecado original está en cada uno de nosotros. Esto está en nosotros y el diablo se ríe. A menos que luchemos contra el pecado, el orgullo y la pasión toda nuestra vida, podemos caer fácilmente en herejía. Si tenemos un exceso de confianza en nosotros mismos, nos destruimos a nosotros mismos. Ese es el veneno en nosotros y tenemos que luchar con él constantemente, ya que nos lleva a la autodestrucción. Debemos llevarlo como una cruz, no unirse con ello, pero resistirlo. “Niégate a ti mismo, toma tu cruz y sigue a Jesús!”

Dónde conseguir el coraje y la fuerza?

Jesús dice a los apóstoles varias veces: “No temáis!” La Escritura dice en muchos lugares: “No temáis!” Cuando tenemos miedo, hagamos frente a la verdad. Y dónde conseguir el craje y la fuerza? En la oración. En la presencia de Dios. Cuando oras, no hables a sí mismo, ya que tal oración no te dará fuerza. En primer lugar date cuenta: ¿Dónde está Jesús? Él está aquí y te está esperando. Él está esperando que entres en contacto con Él, que Le des tu pecado y tus problemas. Estas dos cosas. Tu pecado primero y luego tus problemas. Nosotros no lo hacemos.

Sé como Abraham

Hay personas que tienen un carisma para predicar. Sin embargo, si un predicador mismo carece del fundamento espiritual sano de la unión con Cristo, su predicación puede animar a la gente al principio pero finalmente resulta ser mera superficialidad sin el Espíritu. No es capaz de cambiar los corazones de la gente. Pero si pones las verdades divinas en práctica y las encarnas en tu vida, tu palabra tiene poder. Entonces, cuando das testimonio, el Espíritu desciende sobre las personas sin que seas consciente de ello.

Sé el justo que vive por la fe. Sé como Abraham, sé hombre que da el primer lugar a Dios.

Tenemos que aprender a luchar

Tenemos que aprender a luchar en la batalla espiritual. No es bueno abrir nuestros corazones a las personas insolentes y sin escrúpulos. Es cierto: “¡No echéis vuestras perlas delante de los cerdos!” Necesitamos el espíritu de profecía para que podamos discernir correctamente. Batalla espiritual no es una fanfarronería; es un trabajo duro. Pero ¿qué debemos temer? No necesitamos temer la enfermedad, el sufrimiento o la muerte. Dios está siempre con nosotros, y si podemos sufrir por causa de Cristo, tendremos gloria en el cielo. El objetivo es salvar nuestras almas y las almas de los demás; y ese es el sentido de la misión. Tenemos que aprender a luchar con serpientes, lobos y fariseos, así como Jesús lo hizo. Decían de Él que estaba fuera de sí, que tenía demonio…

Sólo la cruz de Cristo es el puente hacia Dios

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros: en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna. El Hijo de Dios se hizo hombre para librarnos de nuestros pecados: “Llamarás su nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. (Mt 1, 21) “Os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. (Lc 2, 11) El hombre caído no puede salvarse a sí mismo. Después del primer pecado de nuestros primeros padres no podemos abrir el cielo nosotros mismos. Ninguna enseñanza de auto-redención promovida por los hindúes o budistas, ningunos métodos humanos pueden salvar a nadie o librarle de sus pecados. Entre nosotros y Dios hay un gran abismo. El hombre caído está en un lado y Santo Dios en el otro. Ningunos esfuerzos humanos, buenas obras, religiones auto-redentoras ni meditaciones pueden salvar este abismo.

La muerte de Jesús: la victoria sobre el pecado y el diablo

Por el bautismo fuimos sumergidos en la muerte de Jesús. Su muerte es una victoria sobre el pecado y el diablo. Debemos actualizar este misterio del bautismo por la fe para que en nuestra vida cotidiana podamos saborear más y más esta victoria sobre el sistema de la maldad y la mentira que domina el mundo. Nuestra peregrinación de la vida es corta, dura 70-80 años. Este tiempo pasará rápidamente. La vida llegará a su fin, así que vivamos por fe todos los días. Cada día es una lucha contra nuestra pereza o dudas o estamos atraídos por las riquezas para preferir los valores materiales a los espirituales. Naturalmente, necesitamos cosas materiales también, pero tenemos que dar el primer lugar a Dios y la salvación de nuestra alma; porque está escrito: Buscad primeramente el reino de Dios y su justicia …

Toque a Jesús en la Sagrada Comunión

El Señor Jesús está realmente presente en la Divina Liturgia. Cuando recibimos Su Cuerpo y Sangre en la Sagrada Comunión, tenemos que darnos cuenta: “Jesús, Tú ahora estás en mí”. Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros: “¿Qué quieres que te haga?” Si tienes un problema concreto, dile: “Señor, este es mi problema: estoy enfermo. Tú eres mi médico, ¡Tú eres todopoderoso!” Y Jesús te dice lo mismo que dijo a los ciegos en el Evangelio que vinieron a Él con una súplica ferviente o al padre que le pidió a sanar a su hijo: “Conforme a vuestra fe os sea hecho.” O te dice a ti que dijo al leproso: “Quiero. ¡Sé limpio!” Jesús es el mismo, y Él está presente en la Eucaristía. Él viene de una manera especial. Al recibir Su Cuerpo y Su Sangre, Él viene a ti y se hace tu huésped. Piense en Zaqueo que deseaba ver a Jesús, y Jesús le dijo: “¡Hoy es necesario que pose yo en tu casa!” y entró en su casa. Hoy, Jesús entra en tu alma de la misma manera. Dile: “¡Jesús, Tú eres el Señor del universo!” Jesús te pregunta: “¿Qué quieres que te haga?”

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“Para que la justicia de la Ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.”

Ro 8,4 (desde 20-10-2019 hasta 3-11-2019)

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